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Especialistas señalan que, si se culmina la obra, habría una escasez de agua en los municipios colindantes al complejo.

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Con base en la manifestación de Impacto Ambiental presentada por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), el Aeropuerto Internacional de Santa Lucía (AISL) gastaría, al menos, seis mil metros cúbicos de agua por día –equivalente para llenar 300 pipas con 20 mil litros de capacidad–, sólo para el consumo de pasajeros.

Para el cuidado y mantenimiento de las áreas verdes, el documento elaborado por el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) propone instalar una planta de tratamiento, proyectada para una capacidad estimada de 4 mil 500 metros cúbicos por día. Asimismo, señala que la fuente de suministro de agua será mediante pozos ubicados dentro de la Base Aérea Milita No. 1; aunque no detalla la ubicación ni capacidad de éstos. Por otra parte, la Sedena aclaró que, de requerir otras fuentes de suministro de líquido, se determinarán en común acuerdo con la Comisión Nacional de Agua (Conagua).

La Base Aérea de Santa Lucía se encuentra inmersa en diversos mantos acuíferos, como: Valle del Mezquital, Texcoco, Zona Metropolitana de la Ciudad de México y Cuatitlán-Pachuca, lugar donde se construirá el nuevo aeropuerto. Ante esto, Ricardo Ovando, integrante de la Coordinadora Nacional Agua para Todos, refirió que el manto está sobreexplotado, con base en el documento ‘Resultado de los estudios técnicos de las aguas nacionales del acuífero Cuatitlán-Pachuca’, emitido por Conagua, por lo que no tenía disponibilidad para otorgar asignaciones o concesiones.

El investigador del Instituto de Biología de la UNAM, Luis Zambrano, dijo al respecto que las manifestaciones de impacto ambiental deben ser tomadas como una evaluación seria para determinar si un proyecto de tales magnitudes es viable o no.