La revitalización urbana va más allá de demoler viejas edificaciones y construir nuevas. El caso particular de Ciudad Jardín Bicentenario es un ejemplo de revitalización ecológica, porque de un tiradero a cielo abierto, surgió un complejo de usos mixtos de primerísimo nivel y con una enorme gama de utilidades. Para su edificación, se empleó una técnica que nunca se había aplicado ni en México ni en el mundo y fue tan exitoso el caso, que ya busca ser replicado. Aquí la historia.

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La revitalización urbana va más allá de demoler viejas edificaciones y construir nuevas. El caso particular de Ciudad Jardín Bicentenario es un ejemplo de revitalización ecológica, porque de un tiradero a cielo abierto, surgió un complejo de usos mixtos de primerísimo nivel y con una enorme gama de utilidades. Para su edificación, se empleó una técnica que nunca se había aplicado ni en México ni en el mundo y fue tan exitoso el caso, que ya busca ser replicado. Aquí la historia.

El día en que fue planteada la propuesta de llevar a cabo lo que hoy conocemos como Ciudad Jardín Bicentenario, los detractores parecían "técnicamente contundentes": "Un tiradero de basura a cielo abierto sobre el lecho salino del lago de Texcoco, no puede cerrarse para convertirse en un campo productor de gas metano, debido a que la basura orgánica está revuelta con la inorgánica, el agua salobre del fondo del lago no permitirá que se descomponga la basura orgánica, el metano que se obtenga va a ser muy pobre y no se podrá generar electricidad con la quema de dicho gas".

Ésas eran las objeciones que se le impusieron al equipo mexicano de primera línea que el Ing. Carlos Slim Helú había designado, ante el proyecto que pensaba llevar a cabo. Los cánones de la tecnología comprobada y utilizada desde hace más de 20 años, le imponían restricciones que hacían inviable el proyecto de aprovechamiento del gas, producto de la degradación de la basura, en el tiradero a cielo abierto Neza 1, en el Bordo de Xochiaca, Ciudad Nezahualcóyotl.

Dichos cánones establecían que se debían perforar pozos tan profundos como la altura de la basura apilada -hasta 12 metros-, para captar el gas producido a lo largo de los tubos ranurados.

El biogás que se produce con la descomposición de la basura está formado principalmente por dos gases: CO2, que es más pesado que el aire y tiende a acumularse en el fondo del depósito y no sirve como combustible, y metano, que es más ligero y por lo tanto tiende a subir y es el combustible adecuado. Si se insertaban los tubos hasta el fondo del depósito de basura, lo más probable sería que la mezcla del biogás obtenido contuviera un porcentaje más alto de CO2, ya que éste se acumula en el fondo, y un porcentaje muy bajo de metano que tiende a subir, produciendo un gas muy pobre y de muy baja eficiencia, con alto contenido de agua.

Soluciones

Así las cosas, y ante las limitantes ya expuestas, el equipo de expertos apostó por una innovadora solución: Se separó lo mejor posible la basura con maquinaria pesada, entre basura "vieja" (literalmente por su edad, ya que hay sitios donde los desperdicios tienen más de 30 años de antigüedad) y por ello es más manejable y se hicieron taludes; y por otra parte basura "nueva", que fue empleada como relleno, a modo de formar plataformas estables sobre las que se pudieran desplantar cada una de las instalaciones requeridas por el proyecto del Centro Deportivo Ciudad Jardín Bicentenario.

Acto seguido se compactó la basura lo mejor posible y se cubrió con una capa de unos 25 centímetros de espesor de tezontle, material de origen volcánico, altamente poroso. Sobre el tezontle se colocó una malla de tela que en construcción se conoce como geotextil. Este geotextil protege al tezontle, impidiendo que el material que se deposite encima de él, se cuele hacia abajo y sature los poros del tezontle. Sobre el geotextil se colocó una capa de tepetate de 10 centímetros de espesor.

CIUDAD JARDÍN BICENTENARIO (DEPORTIVO)



Con el fin de encapsular los gases que emana el tiradero, se colocó después una película de plástico impermeable llamada geomembrana; ésta impide el paso del agua hacia el depósito y de las emanaciones del depósito hacia la superficie, lo cual es como cubrir con una bolsa de plástico gigantesca todo el tiradero, atrapando así a la basura y todos sus fluidos en su interior.

Posteriormente se cubre esta geomembrana con una segunda malla de geotextil, cubierta a su vez por una segunda capa de tepetate, como confinamiento. Sobre esta capa de tepetate de 10 centímetros se colocó la capa de tierra vegetal, que recibiría el pasto y funcionara como superficie del relleno.

Es importante comentar que los rellenos sanitarios en todo el mundo se cierran de manera muy similar salvo por un detalle: El tezontle, material que no se había incluido anteriormente en ninguna parte del orbe. 

De igual manera, en lugar de emplear grandes tubos de 10 ó 12 metros -para extraer los gases de los depósitos de desperdicios-, se optó por implementar tubos de 3 a 3.5 metros de longitud. En la parte alta de estos tubos -a la altura de la capa porosa de tezontle-, se colocaron una especie de crucetas acostadas de tubo perforado, paralelas a la superficie y perpendiculares al tiro del pozo.

Como el gas metano, tiende naturalmente a subir, se pensó que habría la posibilidad de que se acumulara en la capa de tezontle, ya que la "bolsa" de plástico (la geomembrana) impediría que se escapara hacia la superficie. En este sentido, se previó que dada la porosidad del tezontle, el metano podría circular libremente a todo lo ancho de dicha capa, de modo que las crucetas antes mencionadas serían capaces de captar la mayor parte del gas útil, dejando al CO2 en el fondo del depósito.

Para la captación del gas se construyeron 127 pozos con estas características, y se tomaron muestras del gas obtenido. El resultado sorprendió a muchos: Se obtuvo un volumen de 1,200 m3 de gas por hora, con un contenido de 60% de metano; una mezcla con 50% de metano es considerada buena y viable para ser utilizada como combustible, por lo que la mezcla obtenida resultó mucho mejor de lo que inicialmente se esperaba.

Para la captación del gas se construyeron 127 pozos con ciertas características, y se tomaron muestras del gas obtenido. El resultado sorprendió a muchos: Se obtuvo un volumen de mil 200 m3 de gas por hora, con un contenido de 60% de metano.


Tratamiento de los gases.

Ahora bien, la basura necesita un cierto contenido de humedad para lograr una degradación óptima; ya que la geomembrana de polietileno de alta densidad no permite la infiltración de agua pluvial, se optó por captar los líquidos producto de la descomposición de los desechos, a los que se denomina "lixiviados", con un alto contenido de materia orgánica en descomposición. Para tal efecto se construyeron unos "drenes" profundos que captan dichos "lixiviados", y una vez captados, son bombeados a la superficie a unas cámaras de tratamiento.

Dicho tratamiento consiste en bajar la carga orgánica de los "lixiviados" en un biorreactor, para ser almacenados en una fosa, de donde serán reinfiltrados a la capa de basura para que ésta conserve la humedad necesaria, estimulando así la descomposición de la materia orgánica, de modo que la producción de biogás sea más eficiente y se mantenga durante todo el lapso de descomposición del relleno.

Residuos y generación de energía.

La descomposición de la basura existente en el Centro Deportivo tiene un potencial de generación de energía eléctrica, equivalente a dos megavatios diarios durante un periodo de siete a ocho años. Los "lixiviados" se seguirán extrayendo por el "dren" de captación, se tratarán y se reinfiltrarán, hasta obtener después de varios ciclos las características requeridas por la NOM 001 ECOL, que establece los límites máximos permisibles para ser vertidos en los cuerpos de agua del país.

Dicha descomposición, bajo condiciones normales de humedad de la zona, tardaría de 30 a 35 años. De este modo, se matan tres pájaros de un tiro: Por un lado se dejan de contaminar las aguas del subsuelo y las de los ríos y canales; por otro, se hace más eficiente la producción de biogás; y por último, se acelera el proceso de descomposición de la materia orgánica, por lo que se obtendrá un suelo limpio en menos de la quinta parte del tiempo que le hubiera tomado lograrlo, bajo las condiciones normales sin reinfiltrado de "lixiviados".

El agua de lluvia que se reciba sobre la superficie del terreno, será captada y enviada a cuatro lagunas de almacenamiento, de donde se bombeará para cubrir las necesidades de riego de las instalaciones.

Es así como la intervención de la tecnología mexicana, aunada a una visión a largo plazo, logró que los desechos dejaran de ser basura, para convertirse en un recurso de alcances insospechados.

Con la culminación de este proyecto se demuestra con creces, que los viejos problemas no tienen por qué ser resueltos con viejas soluciones. La tecnología avanza a pasos agigantados y en nuestro país se puede crear la tecnología necesaria para satisfacer nuestros requerimientos particulares, adaptada a nuestras necesidades y con el objetivo de potencializar nuestros recursos.

Por parte de los detractores... Bueno, parece ser que su mutismo, terminó por explicar lo que no pudieron decir con palabras, mientras que aquellos que hoy viven y gozan Ciudad Jardín Bicentenario, podrían decirlo en una sola palabra...

Vista aérea de la construcción del hospital Star Medica en Ciudad Jardin Bicentenario.
Vista aérea de la construcción del hospital Star Medica en Ciudad Jardin Bicentenario.


Texto: Victor Morán

Foto: IDEAL