Real Estate, históricamente la mejor inversión
Real Estate Market 36 E Desde luego, esto no es algo exclusivo de nosotros. En la práctica la mayoría de los animales desarrollan un instinto parecido. Se apoderan de un territorio y lo defienden con todas sus fuerzas, ya sea solos o en grupo. Y los primates, con los cuales compartimos un ancestro en común, son especialistas en eso, por lo que no es raro que nosotros hayamos llevado ese instinto a niveles insospechados. Con la aparición de la agricultura las cosas cambia- ron. Los grupos humanos comenzaron a dejar atrás el nomadismo para asentarse de forma definitiva en algún lugar. La agricultura permitió el aumento poblacional al facilitar un mayor volumen de alimentos, pero también obligó al grupo a buscar mejores lugares donde desarro- llar sus nuevos conocimientos. Así es como surgen las primeras ciudades, por lo general situadas a la orilla de algún río, pues éstos, además de proporcionar abundante agua para los cultivos, permitieron desarrollar sistemas de riego así como vías de transporte de alta velocidad, lo que también impulso el desarrollo comercial. P o rtada n la actualidad, si queremos una casa o un terreno junto a la playa para vacacionar con la familia y te- nemos el dinero necesario, nada más fácil que buscar el adecuado, llegar a un acuerdo con el vendedor y adquirirlo. Si el gobierno, de repente, aprobara una ley para limitar nuestro derecho a la propiedad, lo ve- ríamos como un ataque a nuestra libertad y nos opon- dríamos a ello, pues estamos acostumbrados, al menos en la mayor parte de nuestro planeta, a considerar el dominio absoluto sobre nuestras cosas como un dere- cho inalienable, tan solo acotado por la ley en algunos casos muy específicos. Pero no siempre fue así. El sentido de propiedad es casi tan antiguo como la humanidad misma. Desde que el ser humano vivió en cavernas (que por cierto, no todos lo hicieron, tan solo los que tuvieron la suerte de encontrar una sin habitar) supo lo importante que era contar con un lugar propio y se dispuso a protegerlo de cualquier tipo de intru- so al encontrarlo. Claro que en un inicio, se estableció una limitante territorial conocida como “territorio de caza”, perteneciente a un grupo social determinado, en el que no accedía ningún grupo o individuo ajeno que quisiera aprovechar de los recursos disponibles, ya que éstos por lo ge- neral, no eran suficientes para soste- ner a más personas. Simple cuestión de supervivencia. Pero también hay que tener en cuenta que no todos los lugares dentro de la cueva eran iguales. Ya desde un principio hubo “lotes” mejores que otros y el jefe siempre estuvo en el más alto. En un futuro, a esa división se le llama- ría urbanismo.
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