Arquitectura Bioclimática

El camino de la sustentabilidad

La Arquitectura Bioclimática es una de las tendencias que más interés ha despertado alrededor del mundo. La tecnología de la que disponemos también ha hecho posible que consideremos este tipo de arquitectura como una de las únicas vías posibles de construcción integral con el medio ambiente, dado que ahora conocemos mucho más sobre el clima  y el impacto que el ser humano ha tenido en el mismo.

Como desarrolladores, arquitectos, ingenieros o gobierno, la responsabilidad es clara; explotar al máximo las nuevas tecnologías y aprender todo lo que sea posible a través de su uso, de tal manera de que las construcciones se apeguen lo más posible a la racionalidad sustentable.

En un principio, lo que más llamaba la atención era el ahorro de energía que se podía lograr al utilizar, por ejemplo, instalaciones que aprovechan mejor la luz del sol, o que no requirieran grandes inversiones en aire acondicionado o calefacción. Más tarde, con el surgimiento del programa de certificación LEED, se ha profesionalizado la construcción sustentable y responsable con el ambiente.

La arquitectura bioclimática tiene como pilar, desde su planeación, aprovechar la zona y el ambiente de manera responsable. Por supuesto, esto surge del entendimiento de que todo lo que se construye, interactúa con el medio ambiente, y por tanto hay que analizar todos los aspectos involucrados, desde los recursos naturales disponibles, hasta aspectos técnicos y estéticos.


GAIA es un proyecto conjunto de la asociación nacional para la vivienda del futuro (ANAVIF) y de la asociación nacional para la arquitectura sostenible (ANAS). Valencia, España.

 

Pero, ¿cuál es la innovación de esto si desde hace mucho se realiza? La respuesta es que ahora se hace con un propósito mucho más definido, se utiliza tecnología diseñada alrededor del concepto y una serie de estrategias pensadas para armonizar a una edificación con el ambiente. Algunas de estas estrategias (o tecnologías pasivas) son:

•           Aprovechamiento pasivo de la energía solar: consiste en utilizar la luz solar de manera que aprovechemos la latitud y longitud a favor de los requerimientos de cada construcción en particular. Por ejemplo, una casa habitación puede necesitar aprovechar la mayor cantidad posible de luz solar, para gastar menos electricidad en iluminación artificial. En contraste, quizás una instalación científica se beneficiará más si la arquitectura del edificio se planea para que sólo entre luz indirecta durante el día.

•           Aislamiento térmico: por medio de una cuidadosa selección de materiales se puede lograr que la temperatura de una construcción se mantenga lo más estable posible. De esta manera, por ejemplo, el calor ganado por medio del aprovechamiento de la energía solar queda retenido en el interior del inmueble.

•           Aprovechamiento del medio eólico: estudiando los flujos de aire dentro de un bien inmueble, es posible hacer que este medio sirva para “ecualizar” los diferentes micro-climas que pueden darse en una edificación determinada. En Medio Oriente, por poner un ejemplo ampliamente conocido, es frecuente que se utilicen fuentes de agua justo frente a una casa orientada a los vientos predominantes en la zona ya que, esto hace que el aire pase a través del agua y sirva como un sistema de refrigeración 100% natural. El mismo principio puede utilizarse, por supuesto, en cualquier tipo de construcción, aprovechando las cualidades dinámicas del aire y su relación a los cambios de temperatura.

•           Utilizar el terreno a favor de la construcción: las condiciones de un terreno siempre variarán, y en muchos casos éstas distan de ser óptimas para la construcción. Esto redunda en que, a veces, por capricho de quien manda a hacer una construcción, se desperdicie energía, tiempo y dinero con tal de lograr algo que quizás se vea bien, a pesar de ser un derroche de recursos y un atentado al medio ambiente. Ejemplo de esto se puede ver en casas que están construidas sobre barrancos, en donde se levantan estructuras de varios pisos de altura para lograr hacer un jardín plano de pocos metros cuadrados. Lo ideal es utilizar estos accidentes geográficos naturales de manera tal que puedan ser aprovechados para mejorar las condiciones energéticas del interior, por ejemplo, al utilizar tomas de aire que circulen por la edificación. Otro ejemplo sería, en zonas muy ventosas, construir detrás de una elevación.

Hablando en términos generales, la arquitectura bioclimática ha existido siempre, y esto debido a que este tipo de construccion ha demostrado sobradamente su viabilidad económica. A últimas fechas, ya con un nombre y una intención definida, así como el seguimiento de los medios y la gente en general, que está cada vez más interesada en estos temas, es más fácil que arquitectos y desarrolladores de todo el mundo empiecen a utilizarla de manera consciente.

La arquitectura bioclimática, a pesar de hacer tanto sentido y de ser además económicamente razonable, sigue teniendo un peso relativamente pequeño dentro de la producción arquitectónica a escala mundial. Su alcance se limita básicamente al ámbito privado, y aún dentro de este, sólo a sectores altos de la población, que tienen los recursos para construir una de estas viviendas u otros que estén interesados en las últimas corrientes de la llamada “construcción verde”.

Una visión hacia el futuro

En general, cuando pensamos en arquitectura bioclimática, entendemos modelos relativamente simples, donde varias de las construcciones se dan de manera espontánea incluso, sólo siguen la lógica simple.

Sin embargo, la verdad es que estamos en pañales en estos temas. Lejos de ser un sistema rígido, basado en principios axiológicos, la arquitectura bioclimática debe de caracterizarse por ser flexible y comprender a profundidad tanto el entorno como a las comunidades que vivirán o trabajarán en el mismo.

En este sentido, la ciencia, los recursos computacionales, programas especializados y tecnologías de punta vienen cada vez más de la mano para ayudar al arquitecto, ingeniero o desarrollador que realmente quiera integrar un proyecto de vanguardia.

La paulatina evolución que vemos a diario, sobre la ecología en la sociedad, será sin duda también un impulsor de estas tecnologías para alcanzar avances económicos energéticos, de confort, y de calidad ambiental.

 

Datos, datos

En el momento en que la ciencia toma las riendas del asunto comienza la recopilación de datos. Es verdad que en otras áreas, por decir la automotriz, hay una cantidad enorme de recursos que se destinan año con año a perfeccionar características como el coeficiente de resistencia del viento. Ahora, si bien es cierto que los mismos estudios se realizan de manera normal para edificaciones a gran escala (rascacielos por ejemplo) también lo es que para casa habitación o desarrollos urbanos estos recursos no se han aprovechado.

Para la arquitectura bioclimática del siglo XXI se necesita la comprensión de los micro-climas que impactan a veces a distancias relativamente cortas por variaciones simples en la altitud y/o la presencia de alguna montaña.

Además de las condiciones eólicas o de micro-climas están las condiciones de humedad, de luz diurna, de temperatura, de composición del suelo y otras variables, y el punto a resaltar es que no sólo deben de estudiarse de manera sistemática y por separado, sino que además se necesitan modelos que hagan que todos esos valores interactúen para lograr predicciones que coadyuven al arquitecto, ingeniero o desarrollador a tomar las mejores decisiones posibles. 

Hay gente trabajando en todo esto, sobre todo a nivel de las universidades, y si las condiciones de cada gobierno lo permiten, el conocimiento generado deberá de pasar al dominio público. Más que eso, deberá ser propiciado por gobiernos conscientes de la modernidad y que quieran dejar a su salida una mejor ciudad que la que encontraron.


Construcción hecha de concreto reforzado. Karuizawa, Nagano, Japón.

 

Tecnologías activas y pasivas

Al principio del artículo hablábamos de tecnologías pasivas de aprovechamiento del entorno, en donde era la construcción la que se adecuaba al medio. Después tocamos el tema de cómo la ciencia y la ingeniería tienen que tener una participación más extensa en el tema, para poder aprovechar los datos extraídos de observaciones simples y llevarlos a sus últimas consecuencias. Sin embargo, hay otro aspecto de la arquitectura bioclimática que no hemos tocado, y es el de cómo puede aprovechar las tecnologías activas. Aquí entran todos los sistemas de control climático artificiales, como aires acondicionados y calefactores,  así como otras técnicas.

En general, muchas de éstas se encuentran siempre presentes en climas extremos, incluso a niveles no residenciales, pero lo importante a destacar es que, si la construcción utiliza desde un inicio los principios de tecnología pasiva de la arquitectura bioclimática, el desperdicio de los recursos activos se ve minimizado.

También hay tecnologías creadas para modelos de arquitectura sustentable, en esta categoría entra la energía eólica, los sistemas de recuperación de agua pluvial, las centrales de cogeneración de electricidad, los sistemas de reutilización de agua por medio de filtros especializados, sistemas de iluminación inteligente y las llamadas azoteas verdes.

A nivel corporativo hay tecnologías como vidrios de alta eficiencia, sistemas robotizados de apertura y cierre de ventanas, sistemas de control central que apagan y prenden las luces y sistemas ambientales por medio de sofisticados programas de cómputo.

Al final, la apuesta debe ser por la innovación continua, tanto del análisis del entorno, como de la aplicación de tecnologías tanto pasivas como activas, en pro de lograr construcciones cada vez más sustentables, más inteligentes, más integradas con el medio ambiente en donde estarán colocadas. Ayudándonos a dejar atrás el “mono-egoísmo” de  las arquitecturas vernáculas para integrarnos de lleno en la modernidad.


Remodelacion del Vert Moulin Rouge, París, Francia.