Con raíces ancestrales de constructores naturales e integrante de una tercera generación de arquitectos: es Simón Vélez, el arquitecto del acero vegetal.

Cada generación provoca una ruptura, una mezcla de cambios en los conceptos, gustos, sensaciones e ideas. En este sentido, el innovador sistema constructivo que ha venido desarrollando el arquitecto colombiano Simón Vélez (Manizales, 1949) ha transformado no sólo el dominio de la forma de ver y trabajar el bambú o guadua (como le llaman en algunos países): el acero vegetal, sino también aporta elementos significativos en el campo del arte y la cultura, generando en su obra una asombrosa convergencia entre la naturaleza, el arte y la conservación ambiental.

Provocador, iconoclasta, rebelde y propositivo, son algunas de las características de Simón Vélez, el hombre del método que redescubrió la guadua como componente estructural constructivo capaz de reemplazar a insumos tan rígidos como el acero y el concreto.

A decir del propio Simón Vélez, el fundamento para que un material tan “simple y humilde” como la guadua, alcance un nivel de alta tecnología, sin perder su belleza natural, es trabajar con actitud científica, de la mano de la ingeniería estructural, sin olvidar los orígenes ancestrales, la excelencia y la honestidad en la ejecución de la obra.

 

Una arquitectura donde conviven elementos naturales con industriales.

 

Catedral de la población de Pereira, en Colombia, donde Vélez se inspiró en los plantíos de guaduales
Catedral de la población de Pereira, en Colombia, donde Vélez se inspiró en los plantíos de guaduales

 

Para el hombre del bambú, la arquitectura no debe ser monotemática; requiere de una mayor armonía y de “menos mineral”. Para el maniseño, la arquitectura es muy parecida al arte culinario: un cocinero de espárragos necesita combinar los vegetales para lograr el plato perfecto.

En su propuesta de una arquitectura vegetal hay convivencia entre los elementos nativos de la región, especialmente la guadua o bambú, con otros materiales naturales e industriales como el concreto, la varilla corrugada o el ladrillo, fundiéndose todos en un solo concepto constructivo que transgrede el canon arquitectónico dando origen al acero vegetal. Se trata de un elemento estructural que respalda sus sorprendentes diseños constructivos erigidos en países como Colombia, México, Brasil, Panamá, Ecuador, Estados Unidos, Alemania, Francia, China, Jamaica e India, por los cuales ha obtenido una impresionante lista de reconocimientos como por ejemplo, el premio Príncipe Claus 2009, para la Cultura, de Holanda.

 

El Puente Guanezhoua, en China, una de sus obras más emblemáticas.
El Puente Guanezhoua, en China, una de sus obras más emblemáticas.

 

Energía y poder vegetal

 

¿Qué características tiene la guadua para posicionarla como un material con la resistencia del acero o del concreto? La guadua es una de las plantas nativas más representativa de la zona cafetalera colombiana. Forma parte de la familia angustifolia del bambú; es una planta hueca con un diámetro casi constante durante todo su ciclo evolutivo (el cual es muy corto), y alcanza entre 15 a 30 metros de altura, en sus primeros meses de vida.

Sus fibras longitudinales le dan alta resistencia; en tanto que, su sección transversal tubular le otorga cualidades extraordinarias para resistir los esfuerzos de torsión. Su esbeltez y gran inercia evitan inestabilidades por pandeo, tornándolo en un material sismorresistente.

Con usos que van más allá de ser una planta ornamental, la guadua es un elemento estructural que forma parte de la historia y tradición vernácula colombiana, como material para la creación de utensilio domésticos, herramientas, edificaciones e infraestructura urbana. En el caso de Simón Vélez, el arquitecto incorpora este material como un componente estructural de los sistemas constructivos de varios países, incluidos México.

 

El bello puente Guanezhoua.
El bello puente Guanezhoua.

 

La guadua es una planta nativa de las más representativas de Colombia; forma parte de la familia angustifolia.

 

Para construir con guadua, es necesario –señala Vélez a Real Estate- cuidar las uniones o conexiones, las cuales reciben una inyección de cemento Pórtland en los entrenudos, logrando un espacio sólido atravesado por barras de acero que transmitirán fuerza a las fibras de la guadua.

El encuentro entre los troncos de guaduas, se da a través de conexiones de empernados. La idea es que la guadua no toque la tierra. Sobre esto, Vélez comenta: “Siempre forjo conexiones para que el material quede articulado antes de llegar al piso. Elementos de concreto, de piedra o herrajes de fundición, son la base de las estructuras. El objetivo es protegerlas de la humedad, prolongando su ciclo de vida, al mismo tiempo que se resguarda la topografía del entorno”.

 

El acero vegetal

 

Un cuaderno, lápiz y algunos colores, acompañan el nacimiento de los bosquejos de los diseños de guadua del maniseño Simón Vélez. Los resultados son obras tan significativas como el Pabellón Zeri, diseñado para la exposición Hannover 2000 en Alemania, que se caracteriza por ser una estructura decagonal –semejante a un hongo- sin acceso ni salida, con un anillo de guadua que une y aporta rigidez y estabilidad en la estructura.

Asimismo, cual plantío de guaduales, la Iglesia en Pereira, Colombia, se levanta ligera y audaz, exhibiendo la belleza de la guadua como principal elemento. Su diseño se resolvió con base en un principio simétrico. “La simetría es el principal ordenador de la arquitectura, aunque fortalece lo bueno y lo malo de un proyecto”, nos dijo.

 

Con la protección idónea, la guadua puede resistir muchas décadas.

 

Por su parte, el Museo Nómada de México, fue hecho con guadua como elemento esencial de construcción, en una superficie de más de 5 mil metros cuadrados. Esta experiencia, expresó Vélez, “ha sido uno de los sucesos más importantes en mi vida. Todavía no logro creer que haya sido posible tal evento. Adoro México y espero que algún día no lejano, alguno de mis diseños se logren construir”. En el caso de esta obra efímera que causó sensación cuando estuvo presente hace unos años en el Zócalo capitalino, el arquitecto reveló que al realizar las pruebas de carga, con sacos suspendidos “las pruebas más difíciles fueron los esfuerzos horizontales, para lo cual tuvimos que hacer andamios y un sistema de cables que eran tirados, para medir la resistencia en caso de sismo o vientos fuertes”.

 

El pabellón ZERI, para la Expo Hannover 2000.
El pabellón ZERI, para la Expo Hannover 2000.

 

Amplitud de miras

 

“Quiero dedicarme a hacer obras de ingeniera o de utilidad pública”, expresó este maestro del bambú. En la actualidad, está trabajando en el proyecto de un pequeño hotel de 30 bungalows en la Guajira colombiana. Una de sus grandes metas es implementar su sistema constructivo en la edificación de viviendas de interés social. La idea, nos dice, es “dedicarse a construir, no más barato, sino más bonito, con los mismos costos”.

Así las cosas, un material recorre el mundo actual: el bambú, el acero vegetal; un material poseedor de una fuerza y carga estética inherente. Su promotor y expansionista, Simón Vélez, declara que la arquitectura vernácula no tiene pretensiones, sino que cubre necesidades.

Vélez se autodefine como un arquitecto de techos, porque “no entiende una casa sin techo”. En este sentido, en todas sus creaciones –los techos y voladizos- están presentes permanentemente. “Lo primero que hago son techos pesados, después lo demás”, finaliza.

 

El Museo Nómada, que albergó una exposición de Gregory Colbert, en 2005.
El Museo Nómada, que albergó una exposición de Gregory Colbert, en 2005.

 

“Hay que hacer una arquitectura más vegetariana”, suele decir Simón Vélez.
“Hay que hacer una arquitectura más vegetariana”, suele decir Simón Vélez.

 


Texto:Raquel Ochoa

Foto: SIMÓN VÉLEZ