Hopper después de Hopper

Montada actualmente en el Art Institute of Chicago y en exhibición hasta mayo del año en curso, la muestra de Edward Hopper es la recopilación más grande del artista a lo largo de tres décadas, y que por primera vez es mostrada fuera de su natal Nueva York, en un itinerario que incluye la National Gallery of Art de Washington D.C. y el Museum of Fine Arts de Boston.


Office at Night 1940.

La muestra reúne 90 obras de diversas disciplinas como pintura, grabado y acuarela, entre las que se encuentran piezas de toda su trayectoria artística, aunque con especial énfasis en el periodo entre 1925-1950, época en la que el personaje icónico del arte norteamericano alcanzó su madurez artística

Edward Hopper (1882-1967), nacido en Nyack, Nueva York, es considerado uno de los grandes maestros del arte norteamericano. Entre 1900 y 1905 estudió en la New York School of Art y durante los años subsecuentes viajo constantemente a Europa. En París conoció la pintura impresionista, influencia que marco su pintura. Según apunta el esteta, le tomo cerca de una década superar la influencia impresionista sobre su trabajo y quizá nunca la supero por completo, porque durante toda su vida trabajó el problema de la luz.

Entre 1910 y 1920 tuvo pocas oportunidades de exponer su trabajo. Cuentan sus biógrafos que a la edad de 41 años había vendido una sola pintura, situación que le obligó a ganarse la vida como ilustrador comercial. En esta época fue más conocido por sus grabados que por sus pinturas, pero en 1933 el Museo de Arte Moderno de Nueva York, organizó una muestra retrospectiva de su trabajo, y en 1950 el Museo Whitney organizó otra.

Su trabajo inspiró a generaciones de diversos artistas, escritores y cineastas como David Hockney, Mark Rothko, Alfred Hitchcock, Todd Haynes y Norman Mailer, y es que en él se desprende un silencio que lo hace coincidir con la obra escultórica de George Segal o pictórica de Leonardo Cremonini.


Captain Upton´s House 1927.



La pintura de Hopper no es de fácil lectura. De alguna manera apela a un sentimiento colectivo de soledad, de aislamiento social y de reclusión individual. En ella se retratan paisajes de la vida norteamericana de entre guerras, lo que genera un sentimiento de extrañeza, como si en una vuelta de tuerca, el mundo en sus cuadros estuviera tentado a desaparecer; lo mismo las ciudades que los paisajes provincianos, los interiores de las casas que las fachadas, los espacios de esparcimiento público tanto como los momentos privados de recogimiento.

Un sentimiento es permeable a toda la obra de Hopper, algo que nos es familiar, de pronto se disloca. El mundo revela su aspecto absurdo; el vacío cobra una presencia siniestra, mientras que los personajes refuerzan este sentimiento y afloran situaciones alienantes de incomunicabilidad. Entonces, hombres y mujeres, estoicos e imperturbables, exponen las paradojas del aislamiento y la reclusión en la vida moderna norteamericana.


Evening wind, 1921


Espacio público y privado

El mundo simplemente se fractura en la obra de Edward Hopper. Educa la mirada a buscar personajes y espacios ordinarios, absorbidos en situaciones insignificantes. Su mirada se detiene, justo ahí donde la nuestra pasa de largo. Las escenas suceden al interior de un vagón de tren, en un restaurante, en una oficina, en una estación de gasolina, en los suburbios o en provincia, al interior de una habitación o en la recepción de un hotel de carretera. Pero aún estas situaciones, del todo familiares, desprenden un aire siniestro.

Y es que Hopper hace una reducción de los elementos no sólo formales mediante la composición, sino temáticos: parece que nada ocurre en sus escenas. Es posible constatar, que no hay una narrativa, algo simplemente está sucediendo y sucede despacio? penosamente.

Hopper retrata como ningún otro artista norteamericano, lo que Max Horkheimer y Theodor Adorno han descrito como los , practicantes de la cultura y el ocio, atrapados en lo absurdo de su quehacer. Retrata personajes urbanos y provincianos, hinchados de calma que viven un mundo en el que no sucede nada. Hay una reducción esencial en el trabajo de Hopper, y eso da a sus escenas un aire espectral, la pintura se vacía de acciones, evocando a su paso un estruendoso silencio y una temporalidad aletargada. Lo único que sucede en la obra de Hopper son situaciones. Los lugares públicos se tornan en ambientes aislantes de la interacción social. Tal como vemos en la obra emblemática y más reproducida que haya pintado: Nighthawks (1942). En ella, el espacio nocturno enmarca el sentido solitario de los noctámbulos, capturando el sinsabor de la vida moderna. A través de ésta pintura se advierte una constante en su obra: representar estados emocionales mediante escenarios físicos. La reclusión individual, de sus personajes se despliega sin reservas en el ámbito de lo público. Esta pintura calma y altamente introspectiva, emana el fuerte sentido de soledad e incomunicabilidad que cristaliza las relaciones sociales. Este café nocturno de una esquina neoyorquina deja ver a modo de vitrina, la inacción que sucede al interior. Hay una mezcla de los términos públicos y privados, representada mediante el cristal a través del cual miramos la escena. El interior y el exterior son divididos por la barrera transparente del vidrio. Casi treinta años después de que se ejecutara esta pintura, el sociólogo francés Jean Baudrillard analiza la función del vidrio en su libro "El sistema de los objetos":

"Por lo demás, indestructible, incorruptible, incoloro, inodoro, etc., el vidrio es una suerte de grado cero de la materia: lo que el vacío es al aire el vidrio es a la materia. Este valor de juego y de cálculo ligado a la abstracción lo hemos reconocido en el sistema del ambiente. Pero sobre todo, el vidrio materializa, en grado supremo, la ambigüedad fundamental del ambiente: la de ser, a la vez, proximidad y distancia, intimidad y rechazo de esta comunicación y no-comunicación. Embalaje, ventana o pared, el vidrio instaura una transparencia sin transición: se ve, pero no se puede tocar." Y continúa más adelante: -"El vidrio ofrece posibilidades de comunicación acelerada entre el interior y el exterior, pero instituye simultáneamente una fisura invisible y material, que impide que esta comunicación se convierta en una apertura real al mundo. En efecto, las modernas 'casas de vidrio' no están abiertas al exterior. Son el mundo exterior, la naturaleza, el paisaje los que por el contrario, y gracias al vidrio y a la abstracción del vidrio, se translucen en la intimidad, en el dominio privado y 'juegan libremente' a título de elementos de ambiente. El mundo entero reintegrado al universo doméstico como espectáculo."


Early sunday Morning, 1930


La tiranía de la intimidad en la obra de Edward Hopper, es precisamente aquella que infecta del pathos individualista, los espacios públicos de las sociedades modernas. Tiene la sensibilidad para retratar el momento exacto en que la interrelación social se convierte en un espectro, tan impenetrable y aislante como el vidrio. Si el sentimiento que abunda en la obra del artista es la soledad, no es debido a que los personajes se encuentren solitarios -cosa que es cierta-, sino a que la imposibilidad del acompañamiento se traduce en hermetismo e incomunicación.

Sus personajes quietos, inconmovibles, estoicos, transfiguran los espacios públicos -como vagones de trenes o restaurantes- en escenarios para desplegar universos de confinamiento personal. Hay una dolencia asocial, un malestar que desencaja las funciones de lo público y lo privado. Por una parte exhibe lo privado, el interior de casas o departamentos, en escenas enmarcadas mediante puertas o ventanas, que dejan entrever a sazón voyeur lo que sucede al interior. Colocándonos en situaciones de mimetismo; por ejemplo, en calidad de espectadores, miramos a alguien mirar? miramos a alguien reflexionar, miramos a alguien bañarse de sol, miramos a alguien ensimismarse. Y por otra parte, esas escenas que suceden en la intimidad, se trasladan a los espacios públicos y suceden de igual manera: la intimidad reina triunfante sobre lo público.

La obra de Hopper anuncia, tal como la función del vidrio, una era en la que se establece como norma una cisura física, invisible, que cristaliza y solidifica las relaciones interpersonales. Pero, tal como el vidrio, está herida patente en la socialización, se exhibe obscena sin nada que ocultar. Acrecentando aún más el abismo insalvable que separa a cada individuo de su entorno y alimentando el anonimato y las paradojas de la intimidad en las sociedades contemporáneas.


Nighthawks, 1942.



Temporalidad lumínica

Hopper es un virtuoso en el uso de la luz, pero más allá de las destrezas técnicas que pone de manifiesto, la luz en su obra se traduce en temporalidad. Títulos como Interior veraniego, Viento en la tarde, Las once de la mañana, Sol matinal, Mediodía, Oficina de noche, refieren a temporalidades específicas que no podemos pasar por alto.

Tratando de analizar los detonantes del sentimiento siniestro que propicia la obra de Hopper, encontramos que sus escenas recurren al lenguaje cinematográfico. La pintura de Hopper funciona como el fotograma de una película, el antes y el después son cercenados, de modo que sólo resta la imagen inexplicable de lo que sucede en medio. Es por ello que no existe una narrativa en su obra, no sucede algo de lo que podamos o queramos dar cuenta.

La obra deja abierto su propio significado. El mismo Hopper alguna vez mencionó acerca de su trabajo: "Espero que no obvie ninguna anécdota, porque ninguna está intencionada." Lo siniestro en su trabajo refuerza el aislamiento subjetivo porque aparece como operario del tiempo suspendido, del movimiento congelado. En sus cuadros presenciamos un estatismo que nos arroja del lado de la materia inerte. Hablamos de una atemporalidad que no puede pertenecer al reino de los vivos, si acaso al de los inmortales. Sus pinturas parecen instantáneas tomadas al paso, pero lo cierto es que más que revelar el instante como algo que se interrumpe continuamente, revelan la suspensión de cualquier irrupción.

La duración del tiempo se da mediante el juego de la iluminación: luz de mañana, luz de tarde, luz de ocaso, luz de noche, luz de madrugada, luz desolada de domingo. La luz baña en un solo estado el ánimo de sus espacios tanto como de sus personajes por igual. Generando una especie de disposición equivalente entre la materia inanimada y los seres animados.

La temporalidad, no sucede o al menos no la presenciamos en la acción de los personajes, sino en el ambiente. El ambiente absorbe la vivacidad, la animación, la vida de los sujetos y los transforma en una suerte de acartonadas figuras, tan evacuadas de vitalidad como los seres autómatas.

Pensando nuevamente en la figura del vidrio, damos cuenta de que en la obra de Hopper, pululan las membranas transparentes que vuelven imposible el contacto, la comunicación y en última instancia, la vida animada.


House on Pamet River, 1934