Fernando Leal  Audirac.
El artista mexicano que retrató a Su Santidad Juan Pablo II

“La pintura de Fernando Leal Audirac declara abierta la era de lo inesperado rescatando, simplemente, lo que siempre estuvo ahí: el aura muda e invisible y el dolor originario.”
Jorge Juanes

De una larga tradición familiar pictórica, Fernando Leal es uno de los pintores vivos más importantes de principios de este siglo. Su carrera como artista plástico ha sido contundente; mientras vivió en México sus últimas exposiciones fueron determinantes, incluida la denominada “El códice de la guerra invisible”, en 1993, en el Palacio Nacional de Bellas Artes. Ésta, además de haber aportado valores estéticos a la plástica, funcionó como punto de partida para incursionar en una aventura en el Viejo Continente.



Como leeremos un poco más adelante en su entrevista, la casualidad hizo que en estos últimos 11 años viviera en la capital del diseño y de la moda, me refiero a la ciudad de Milán.

La hegemonía cultural europea en el terreno del arte es muy difícil de franquear por artistas de origen americano, en el más amplio sentido de la palabra (desde Canadá hasta la Patagonia). Entre los que lograron ese paso está Leal, un artista conocedor de los grandes maestros, profundo amante de las técnicas antiguas y generador de un estilo propio que lo hace resaltar.


Leal trabaja  en el fresco de san juan pablo II después de la audiencia con su santidad

Con sus casi 47 años de edad ha logrado lo que a otros artistas les ha llevado la vida: obtener el reconocimiento internacional. Ha conquistado las galerías y los foros más importantes, como la Bienal de Venecia y la Mención Honorífica de MIART, Feria de Arte de Milán, en 1995; forma parte de las colecciones permanentes del Forum Artist Museum, (Montese, Italia) del Museo del Parco (Portofino, Italia), del Museo d’Arte Paolo Pini (Milán, Italia) y de la Civica Galleria d’Arte Moderna della città di Spoleto (Italia). Además, ha realizado exposiciones individuales en México, Italia, Francia, Alemania, Estados Unidos, España y Rumania.


Retrato de su santidad Juan Pablo II: Fresco transportable 3x10 m, 2004

Si consideramos su obra desde el punto de vista del análisis del mercado tenemos que decir que es el momento de invertir. El artista se encuentra en la recta entre la madurez y la consagración. Sus precios son, todavía, accesibles para quienes aman el arte y disfrutan del riesgo por lo diferente.
Durante la última estancia de Leal Audirac en México, Arturo Esquer, Presidente de Real Estate, y Fernando Vilchis Bellizzia lo saludaron en su estudio, y de esa visita derivó esta interesante entrevista.


Luigi Stornaiolo: óleo/line 90x80 cm, 1995

RE: ¿Para la creación del Conaculta se inspiraron en el Proyect for the Arts de Roosevelt?

FLA: No, ya había instancias anteriores, por ejemplo mi padre diseñó antes de los años cincuenta un proyecto que se llamó “El derecho de la cultura”, que no, a la cultura. Nuestro proyecto parte de un análisis de las necesidades reales de los intelectuales mexicanos. El Proyect norteamericano  nació a raíz de la influencia del muralismo mexicano y es vasconcelista.  De hecho, los primeros en llenar los edificios públicos norteamericanos fueron los artistas mexicanos.

La creación del Conaculta es una consecuencia natural del vasconcelismo. Entre las personas que lo diseñamos está el Dr. Arturo González Cosío. Roberto Cortázar y yo fuimos los primeros miembros de la Comisión Consultiva en la sección de cultura. Nos tocó además proceder al otorgamiento de becas a muchos creadores jóvenes, como Mónica Castillo, Aldo Flores y Agustín Castro.


Las Torres de la ciudad: óleo/lino 140x120 cm, 1994

RE: ¿Por qué no continuaste dentro del Sistema Nacional de Creadores?

FLA: Claro que lo hago, pero de manera externa. Yo no creo en los artistas burócratas; mi colaboración con el Consejo de Cultura en los años ochenta nace de las reuniones de los viernes aquí en mi casa, donde acudían artistas jóvenes, como Pete Mc. Donald, Melanie Smith y Francis Allys, y otros mayores como Phil Bragar, José Luis Cuevas y Felipe Ehrenberg. También venía Mary Weather, Directora de la Fundación Getty, George Hollander, Roberto Tejada, Lorna Scott Fox y críticos de la talla de Pierre Restany y Schiffra Goldman. Y otras personalidades que desfilaron por las reuniones de los viernes fueron Víctor Flores Olea, el embajador Lozoya, el almirante Barra Villarreal... la lista es muy larga. Era una mezcla entre intelectuales y jóvenes… Jacobo Borges, Miguel Peraza, Gabriel Bernal, Jorge Pablo de Aguinaco, Phil Kelly y Jazzamoart, es decir, estamos hablando del clima en que se generó el Consejo.



RE: ¿Cómo surgen estas reuniones de los viernes?

FLA: Los fundadores fuimos el Dr. Juan Acha y su esposa Mahia Biblos, el Dr. Ernesto de la Peña, el Dr. Arturo González Cosío, multiplicándonos hasta llegar a más de cien.  En este clima surgieron muchas instancias: libros de poesía, Amándola, revista de literatura dirigida por Roberto Tejada. Michel Tracy llegó en varias ocasiones a la puerta de los viernes acompañando a Lorna, y en alguna entrevista en Texas describió perfectamente el ambiente, pero jamás estuvo. En los cursos de Historia del Arte que imparte Schiffra Goldman en la Universidad de Los Ángeles se hablaba de los viernes. Fue la reunión cultural más importante de los años ochenta; Raquel Tibol la bautizó como “los Cultiviernes”.

RE: ¿En qué se inspiraron para realizar estas reuniones?

FLA: Anteriormente, y surgida en los años veinte, existía una tertulia que se llamaba “El mate”, adonde asistían Pablo Neruda, Alfonso Reyes, Agustín Yáñez, el Chato Noriega, Ricardo Guerra, Federico Cantú  y Torres Bodet, entre muchos otros, y el padre Valdez era el anfitrión. Yo fui el último asistente. Los Viernes nacen del Mate y también del grupo de los lunes del Arq. Álvaro Díaz, en donde nos reuníamos a dibujar.

RE: ¿Las volverías a convocar?

FLA: No creo que sea posible. Era un ambiente muy particular: velas, músicos, poetas, pintores y coleccionistas. Este piso, así como lo ves, es nuevo (refiriéndose al ambiente de su estudio en esa época), antes estaba lleno de agujeros tapados con un tapete, y por ello una vez Richard Kempe se quebró un brazo.

RE: ¿Cuándo se terminan esas reuniones?

FLA: Cuando me fui.

RE: ¿Por qué decides partir frente a una carrera tan exitosa en tu país?

FLA: Mi primera exposición de gran formato fue en la Galería de Arte Mexicano, que era la más prestigiada y al día de hoy lo sigue siendo.  El Dr. Ernesto de la Peña, que es uno de los más grandes eruditos del mundo (habla 24 lenguas y lee 32) posó para mí para hacer el antirretrato de Arnaldo de Villanueva. Fueron sólo ocho cuadros que merecieron un libro de 170 páginas escrito por Juan Acha. Fue la exposición más comentada en México desde “La Ruptura”, generó más de ochenta artículos periodísticos, no hubo nadie que no tomara posición. En su fase inicial, los viernes fueron un laboratorio de experimentación intelectual para la creación de esta exposición. A partir de ello me tocó ilustrar el libro Las estratagemas de Dios, de Ernesto de la Peña,  diversos libros del Dr. González Cosío y Desde las sombras, de Andrés Peraza, entre otros. Después presenté la exposición “El Museo del Hombre” en el nuevo recinto de la Galería de Arte Mexicano.

Posteriormente, en 1993, presenté la exposición “El códice de la guerra invisible”, en el Palacio de Bellas Artes. Eran cuadros de enorme formato y ahí se presentó la primera monografía de mi trabajo de 1973 a 1993, con textos de Juan Acha, Alberto Hijar, Jorge Juanes, Ernesto de la Peña y Arturo González Cosío, traducido al inglés por Roberto Tejada y publicado por la casa editorial Espejo de Obsidiana. Era el libro de mayor volumen publicado sobre un artista de mi generación, y el de mayor alcance para una publicación hecha en México. En fin, todo un acontecimiento. Bellas Artes se cerró para ofrecer una cena a nuestros invitados, y José Luis Cuevas lo recuerda en su autobiografía “Gato Macho”. Aquí  se cerraba ese ciclo.


El Bosque Civilizado: óleo/ Lino 90x80 cm, 1996

RE: Habiendo sido una influencia directa de producciones tan importantes, ¿por qué decides expatriarte?

FLA: Fue una circunstancia fortuita. Un día, de cara a un inminente viaje que yo iba a realizar a Italia, me llamó el gran poeta Mario del Valle, también editor, para el que he ilustrado diversos libros, y me dijo que en Milán me encontrara con Giorgio  Upiglio (el más grande impresor de aguafuertes en el mundo), para proponerle un libro-objeto hecho por nosotros dos. Así lo hice, llegué por una semana y, entre diversos encuentros, casualidades y dificultades, la semana se fue prolongando hasta 10 años. En realidad no fue una elección.

RE: Resulta muy emblemático que siendo hijo de Fernando Leal, y habiendo tú mismo incursionado seriamente en la creación de obras al fresco, hayas llegado a la ciudad que resguarda el fresco de los frescos.


A Hans Óleo/Lino 160x130 cm, 1997

FLA: En Milán, además de Il Cenacolo de Da Vinci, está la Palabrera de Piero de la Francesca, el gran dibujo sobre cartón de Rafael previo a la escuela de Atenas, el Cristo muerto de Mantegna, la  obra maestra de  Andy Warhol y la última de Miguel Ángel. En realidad toda Italia es así, allí se encuentra cincuenta por ciento de los tesoros artísticos de Europa

RE: ¿Tuviste roce con la Transvanguardia italiana?

FLA: Milán no es una ciudad de creadores italianos sino de creadores mundiales. El concepto es un poco más complicado, ya Milán había lanzado a Fontana y el Espacialismo, a Manzoni y el Arte Povera, al Futurismo de Boccioni y Balla, que junto con el Arte Metafísico generado en Ferrara con Chirico, como principal representante, encontramos un terreno fértil para el surgimiento de la Transvanguardia. Milán tiene una gran tradición dentro de la modernidad.

RE: ¿Cómo describes este movimiento de los Chia y los Palladino, que ya tiene más de diez años de vigencia?

FLA: En realidad la Transvanguardia fueron pintores lanzados por dos galeristas, Lucio Amelio y Mazzoli, y son ellos los que combinados con Aquille Bonito Oliva los proyectan. De ellos sólo me interesan algunos, Clemente, Palladino y la obra de pequeño formato de De María.


El leño de Adán: Encausto/ Lino, 100x120 cm, 1997

La Transvanguardia, el Neomexicanismo o Shnabel, por mencionar la versión norteamericana, o Barceló en la versión catalana, todos artistas de los años ochenta, parten de un presupuesto que yo no comparto. El común denominador de estos movimientos surge a partir de una movilidad del capital: “Cuando hay mucho dinero se colecciona pintura; cuando hay poco dinero, se hacen instalaciones”, esto lo decía Pierre Restany. El comercio del arte se mueve en mercados muy establecidos y en mercados emergentes o propositivos. Bonito Oliva y Mazzoli, entre otros, descubrieron que el coleccionista estaba nostálgico de la pintura. Fue una revancha europea frente a la decadencia del Pop Art, contra el aburrimiento del Arte Povera y el Conceptualismo, que habían saturado el mercado. Esto hacía necesario un regreso, desde el punto de vista artístico, a la pintura, y desde el punto de vista financiero también, la potencialidad de la inversión en cuadros no tiene rival. Estos factores de carácter macroeconómico se apoyaban en un elemento que Bonito Oliva tenía muy claro: el genio local o espíritu local, incentivar los nacionalismos. ¿Qué hubo en Italia, en Alemania, en México, en Cataluña?... Pues, propongamos un Neofuturismo o un  Neoexpresionismo o un Neofridismo, pero en grande, y luego, propongámoslo desde Nueva York. Naturalmente, esto atrajo a muchos inversionistas, y éste es el origen de la Transvanguardia.

RE: ¿Cómo identificar a los que verdaderamente van a trascender?

FLA: Por supuesto que existe la inexorable prueba del tiempo. En materia de especulación financiera se puede inflar hasta porcentajes altísimos, después puede crecer menos, y a fin de cuentas se estabilizará en el mercado o se derrumbará.

RE: ¿Y Botero?

FLA: Bueno, él es muy anterior, ha sabido enraizarse en el sentido popular y en todo el mundo, así que no creo que eso le suceda a Botero. Ha trascendido y tiene una importancia incluso sociológica, es absolutamente global. Es más famoso que todos los que mencionaste juntos. Vamos, después de  Picasso el más famoso del mundo. Que a mí me guste o no es algo subjetivo. No tiene nada que ver con mi propia indagación como tampoco tiene que ver con el Neomexicanismo ni con la Transvanguardia.

RE: ¿Con qué tiene que ver tu búsqueda?

FLA: En mi opinión, con toda la historia del arte. Hay cosas que pueden venir de las primeras vanguardias históricas, otras del Renacimiento. Hay cosas que pueden venir incluso hasta del mundo egipcio.

RE: Háblame de Matisse

FLA: Yo no llegué al dibujo, a la línea pura, a través de Matisse, sino a través de las influencias directas que él tuvo en su formación, o sea del arte oriental. Yo cumplí 12 años en Japón, en un viaje de varias semanas que realicé con mi madre. Cuando uno es un niño tiene una especie de placa fotográfica virgen. Ese contacto inmediato con la potencia, con la sutileza, con la grandeza del arte japonés fue una marca indeleble.

En la primera monografía de mi trabajo hasta 1993 hay muchos trabajos con la clara influencia del arte oriental. A partir de ahí me acerqué a Matisse en innumerables trabajos de desnudo.

RE: ¿La Suite Vollard?

FLA: Ese trabajo es un monumento. Siempre ha tenido que ver conmigo, Picasso es uno de los más grandes dibujantes de la historia.

Tú estás hablando de esta nueva monografía editada por Editorial Silvana que es una de las casas editoriales más importantes del mundo. Lo mismo que la otra bate récord, porque es la más grande, que yo sepa, publicada sobre un artista vivo. Es un landmark de las artes gráficas italianas.

RE: ¿Se puede conseguir aquí?

FLA: Si, pero únicamente a través de mis representantes.

Así transcurrió por espacio de tres horas esta charla con un intelectual  que ha sido juez y parte, a quien hace más de diez años no veía, recapitulando el encuentro con el placer de escuchar sus experiencias.  Hablamos, no sin cierta nostalgia,  de su amistad con el recientemente fallecido Henri Cartier-Bresson, también heredada de su padre; de su intercambio epistolar, de las visitas que Fernando le hizo en su departamento de la Rue Rivoli. De cómo Cartier-Bresson le obsequió un libro de sus fotografías donde aparecía una de París bajo la niebla y entonces el fotógrafo le dibujó de propio puño la Torre Eiffel y de muchas cosas más, que por obvias razones de espacio no puedo comentar totalmente en esta nota.

Recientemente retrató al Papa, mediante apuntes realizados de memoria después de una audiencia con su Santidad. Ese retrato es un fresco transportable de enorme formato, 3.00 x 10.00 m, que será muy pronto ubicado en una de las colecciones vaticanas.

La monografía de Silvana Editores La Stagione Che Rimane, la última publicación que se le ha hecho en Italia, es un documento impresionante, con textos de críticos internacionales de la talla de los italianos Martina Corgnati, Lorella Giudici, Gianluca Marziani, del francés Marc Dachy, y el mexicano Jorge Juanes. Tiene 630 páginas, retrata 429 obras a color y está publicado en italiano, español, inglés y francés.