“NEGRO COMO EL INFIERNO, JUAN CARLOS MENDOZA

DULCE COMO LA MUERTE, FUERTE COMO EL AMOR”

Al llegar a la cita lo hallé concentrado, terminando una de sus obras. Con la mirada profunda e insistente sobre su trabajo, como si éste no tuviera fin, como si buscara en cada trazo el más mínimo detalle y revistiéndolo para dar el resultado perfecto. La mano de Juan Carlos Mendoza movía con firmeza y precisión un bolígrafo regalo de su padre, haciendo uso una vez más de la técnica que le ha dado gran éxito.


Lucciano en wall street

En ese momento le daba los últimos toques a un gran paquidermo, lo que me llevó a reflexionar acerca de lo que puede lograr una mano virtuosa con un simple instrumento. Detallaba la piel rugosa, dura, con las marcas que sólo el tiempo puede generar sobre un elefante. Huellas realizadas con una similitud escalofriante, y que pueden llevar al observador a contemplar sus obras por horas, sin pensar en el tiempo o el espacio. La sensación que da el observar cada una de sus obras es inigualable, no sólo por las diferentes texturas que logran sus trazos, sino por los pequeños detalles que crean un sinfín de acertijos y misterios que encierran cada una de sus creaciones, haciendo imágenes llenas de vida. De ahí su mensaje: “que no le suceda al animal, lo que al papel”.


Opera rhino

 Autodidacta y observador sin límite, Juan Carlos Mendoza dibuja desde que es niño y su interés por el arte nace de su incesante capacidad de pintar. Su taller son los hoteles del mundo, en donde siempre encuentra un punto de partida e inspiración. Él dice preferir los rincones a media luz y en donde pueda pintar hasta altas horas de la madrugada.


Almas gemelas.

La palabra perfección lo define de forma clara, ya que todas sus piezas es tán elaboradas hasta que siente que ha dado vida a una obra. Confeso por un profundo amor a los animales, Mendoza ha plasmado en su obra bellos ejemplares de rinocerontes, tiburones, camellos y un sinfín de especies; todas con un toque particular, como por ejemplo indumentaria de tapetes y gorros; con pequeños símbolos de larga vida, buena fortuna y poder, en los que el animal se coloca en un supranivel al depredador. Para iniciar una obra, utiliza papeles antiguos de lugares históricos y emblemáticos, muchos ya desaparecidos o libros de primera edición plasmando las imágenes con gran expresividad, haciendo de sus cuadros obras irrepetibles e inigualables.


Les cochons deors.

En Profundus clamo a dite dominae, podemos observar a un elefante adorando a una suripanta alada, siendo ésta una imagen llena de carga erótica, tan sutil y penetrante de inocencia y perversidad a la vez. El elefante lleva un gorro, dándole un aire de misticismo axial siendo la imagen de espiritualidad y la suripanta representando lo terrenal. Fish, monsieur, monsieur es una obra llena de vida y color, en la cual un pez atraviesa una receta de cocina, proveniente de un libro de primera edición de los años cincuenta editado en Nueva York. Con esta imagen intenta barrer una blasfemia. Con el título “Les rendezvous du diable”, que sería “los caminos del Diablo”, fantasea con matar a este animal tan lleno de vida para solamente darle gusto al paladar.

En Les cochons deors, el pintor utiliza una caja antigua de madera y nos muestra a cada lado dos cerdos dorados mongula y la lujuria de la sociedad, mientras que un tercer cochino -en forma de mapa antiguo de París- funge como el punto de equilibrio; con lo que sugiere encontrar el camino hacia el comienzo, quizá el que todos buscamos en algún momento de la vida para reencontrarnos con nuestra parte espiritual.


Fish monsieur monsieur.

Hiparlo, el observador de estrellas, es bellamente representado como un hermoso e imponente elefante con mirada serena, llena de sabiduría, en donde un tapete lo cubre con símbolos astrológicos y lleva un gorro con la cruz egipcia, es decir, la cruz de la vida, dando un mensaje de eternidad. Lucciano en Wall-Street, es un imponente tigre de bengala dentro de un periódico financiero neoyorkino. El discurso de esta obra es contextualizar la era actual, en la que el artista utiliza la ambigüedad a través del tigre, dejando a la opinión del espectador, la referencia de la economía asiática o estadounidense.

Importantes coleccionistas de la talla de Eugenio López admiran la obra de Juan Carlos Mendoza, reconociendo su trascendencia y originalidad. La colección que presentamos es: “Nero come il inferno, dolce come la morte, e forte come il´amore”, y será acogida en un privilegiado lugar de la Ciudad de México.

La cita ha terminado. Yo desaparezco por el pasillo que me condujo al encuentro de este artista. El se queda atrapado en su mundo fantástico, una jungla donde las leyes “darvinianas” no tienen sentido, donde la imaginación es un elemento para interpretar este microcosmos fantástico y los sueños aderezados con la realidad, materia prima para la coexistencia de este mundo.


Profundus clamo a dite dominae.