El trabajo plástico de Jesús Peraza ha dado un salto al incursionar en la tridimensionalidad, ahora se enfrenta con el volumen, la solidez real de la escultura que crea una existencia.

Para afrontar el reto de las tres dimensiones Jesús Peraza se planteó primero hacer un replanteamiento sobre las técnicas y materiales tradicionales; al descender de una familia de escultores, prefirió desechar bronces y mármoles, prescindir del tallado, el modelado o la fundición. A cambio construye piezas que mezclan con prestancia la estética y la crudeza de los materiales.

Las esculturas parecen representar mecanismos, más que máquinas, artilugios procedentes de un pasado remoto previo a cualquier industrialización, anteriores a toda tecnología que vaya más allá de la polea y el clavo. Se trata aparentemente de dispositivos facilitadores que tienen una utilidad intrínseca, se trata de artificios que, como toda obra de arte, se representan sobre todo a sí mismos.

Se trata de piezas elaboradas con piedra, madera y textiles, emparentados con el expresionismo más moderno, y también con el Arte Povera, el Art Brut y el Arte Efímero vanguardista, además es un arte reivindicatorio de lo artesanal, pero no como repetición de modelos, sino como muestra del espacio espontaneo.

Sakal in ka´h wayak<br />(Tejiendo sueños estoy)
Sakal in ka´h wayak
(Tejiendo sueños estoy)
Técnica: Piedra, varas e hilos de henequén
Medidas: 68 x 54 x 20 cm.

Ingenuidad, astucia, planeación, casualidad, voluntad y azar, descuido o precisión, son pares antagónicos que se conjugan en estas piezas que constituyen “Piedra con alas” (en maya: Tunich Yetel Xic) una selección de esculturas expuestas el pasado verano en Mérida, Yucatán.

El sociólogo pintor es ahora escultor; nos presenta estructuras, andamios, monolitos, escaleras, poleas, grúas, columnas, dinteles construidos en piedra y madera, amarrados con cuerdas. La piedra es caliza, la misma caliza que constituye la península de Yucatán, que no es otra cosa que los restos calcáreos de organismos que vivieron en el fondo del océano hace millones de años.

La madera, por su parte, parece procedente de los restos de algún naufragio en el mar Caribe, palos modelados por las olas, troncos traídos por la tormenta a la blanca arena de la playa. Por si fuera poco, los cordajes y tejidos son de fibra de henequén, planta que trajo prosperidad a la península pero también nuevas formas de explotación, su industria trasformó Yucatán y le dio identidad contemporánea, pero como los antiguos mayas desaparecieron, así se eclipsó esta industria que se había impuesto en el mundo hasta el desarrollo y popularización de los derivados del petróleo. 

La libertad de bate con relámpago en las entrañas
La libertad de bate con relámpago en las entrañas.
Técnica: Piedra, varas e hilos de henequén
Medidas: 84 x 58 x 20 cm.

Así que todas las partes, los soportes materiales, son de algún modo orgánicos y por eso mismo los artilugios que constituyen se muestran tan expresivos y evocadores. Instrumentos de dudosa utilidad bellamente ensamblados con materiales encontrados, con mínimo proceso, que en algún momento estuvieron vivos, constituyen ahora esculturas que fascinan gracias a que poseen una característica muy especial, traer esa Edad de Piedra idílica sin pretensiones al presente.

Aquí las piedras mandan y exigen determinados mecanismos para dotarse de sentido. La eficacia plástica de esos mecanismos está en el juego de texturas, en la tensiones estructurales, en el origen natural de los materiales, en la escala divergente de la humana, en el ritmo que marcan los elementos variables, partes que adquieren el sentido de un todo en la pieza escultórica evocadora de equilibrios a punto de romperse, de acciones paralizadas y misteriosas, que nos retrotraen a mundos de intensidad animal, a espacios de ingenio prehistórico, y nos muestran insólitas figuras de una extraña viveza, entre lo animado y lo inanimado, entre el reino mineral y el vegetal.

Así es la muestra de esculturas de este autor, la representación antagónica de la visión de esta nueva edad de piedra reflejada en su obra.


Texto Josu Iturbe