Desde que el ser humano vive en comunidad, ha tenido la necesidad de entablar relaciones de todo tipo, con personas (y posteriormente instituciones) que le han brindado diversas maneras de guardar o de adquirir bienes; así, los bancos han estado siempre presentes dentro de la historia de la humanidad.

Muchos siglos atrás, en lo que suele llamarse el mundo antiguo, las personas necesitaron de otros que les prestaran granos para continuar sembrando; de ese tipo de préstamos se tiene información que data, por ejemplo, de la cultura fenicia (grandes comerciantes), de aproximadamente el año 2000 a.C. Se sabe que tiempo atrás, los habitantes de la antigua Mesopotamia, guardaban el trigo y el oro en sus palacios, como lo informa el Museo Interactivo de Economía (MIDE), de la Ciudad de México.

Posteriormente, durante los dos grandes imperios de la antigüedad, el griego y el romano, los prestamistas ya hacían empréstitos, además de que cambiaban dinero (monedas) y aceptaban depósitos. También en Asia existen evidencias arqueológicas que demuestran que desde tiempos remotos se hicieron préstamos monetarios.

Cabe decir, en el caso específico de Roma, que su imperio quedó basado no sólo en el poderío de su ejército sino también por las leyes que establecieron, las cuales iban de la mano de un fuerte aparato burocrático. En esta época, ya se conocía el concepto económico de “interés”, no obstante que su uso no se encontraba regulado por lo cual los contratantes tenían la libertad de presentar la tasa que ellos decidieran. Por cierto, en ese periodo, por ejemplo, si una familia no podía pagar sus deudas, era castigada con la esclavitud o hasta con la muerte. Uno de los más prestamistas de esa etapa fue Bruto (famoso por formar parte del complot que terminó con la vida del senador Julio César); a decir de las crónicas, éste realizaba préstamos con un interés del 48%

 

“El prestamista y su esposa”, (1514) del artista flamenco Quentin Massys.
“El prestamista y su esposa”, (1514) del artista flamenco Quentin Massys.

 

"Marco
Marco Junio Bruto (85. a.C.- 42. a.C.) fue un famoso prestamista de la época romana.

 

El concepto formalizado

 

La Banca, con mucho de lo que actualmente conocemos, surgió en Italia a principios del Renacimiento, sobre todo en las poderosas ciudades del norte, como Venecia, Florencia y en el puerto de Génova. En el caso de Florencia, fueron las familias Bardi y Peruzzi quienes dominaron la Banca de esa ciudad en el siglo XVI, estableciendo sucursales en muchas urbes europeas. Sin embargo, el banco más famoso fue el de los Medici, fundado por Juan de Medici en 1397; su hijo Cossimo es famoso por haber sido uno de los grandes banqueros del Renacimiento. Cabe acotar que el trabajo de banquero profesional surgió hacia el año de 1100, denominados banchieri, cuyo nombre deriva del banco en que se sentaban para hacer sus transacciones.

Con el paso del tiempo, el desarrollo de la Banca comenzó a extenderse a toda Europa, dando lugar a innovaciones notables en lugares como Ámsterdam (siglo XVI) o en Londres, durante los siglos XVII y XVIII. En este país es famosa dentro de la historia de la Banca, la familia Rothschild, dinastía de origen judío alemán, conformadores de bancos e instituciones financieras que en el siglo XIX se convirtieron en uno de los linajes financieros más importantes de Europa.

 

En la Edad Media, en numerosos libros de los llamados “Iluminados”, queda patente la manera en que la gente entregaba sus bienes a los señores feudales.
En la Edad Media, en numerosos libros de los llamados “Iluminados”, queda patente la manera en que la gente entregaba sus bienes a los señores feudales.

 

Cabe subrayar que siglos atrás, los miembros de la religión cristiana no veían bien los préstamos con interés; en sí, los consideraban casi un pecado, el de la usura. Paradójicamente, en la Nueva España, los grandes banqueros y prestamistas fueron los miembros de la Compañía de Jesús que llegó a tener, por su labor bancaría y de crédito, una fortuna inconmensurable; fue tal que fue una de las causas de su expulsión de tierras americanas en 1767, con el fin de reforzar el poderío del monarca español, que dados los negocios jesuíticos, se veía mermado.

Dada la situación planteada como se dijo líneas arriba, los miembros de la religión judía se volvieron casi los únicos que podían dedicarse al negocio del préstamo. En muchos lugares, las llamadas “Juderías”, se fueron convirtiendo en núcleos de negocios bancarios. Con el tiempo, la Iglesia se flexibilizó y en términos bancarios, se comenzaron a distinguir entre los préstamos para subsistir, donde era ilícito cobrar interés, y los préstamos para invertir, donde quedaba justificado el tipo de interés que podía ejercerse. Posteriormente, con la llegada de nuevas formas de comunicación más expedita, los bancos crecieron de manera sustancial no sólo en tamaño sino también en alcance geográfico.

 

Cossimo de Medicis, uno de los más importantes banqueros del Renacimiento, en un retrato que le hiciera Pontormo.
Cossimo de Medicis, uno de los más importantes banqueros del Renacimiento, en un retrato que le hiciera Pontormo.

 

En México

 

En el mundo prehispánico, como se lee en “La génesis del crédito colonial, Ciudad de México, siglo XVI”, de María del Pilar Martínez López-Cano, “además del trueque de mercancías y la compensación de cuentas, se utilizaron diversos signos monetarios que desempeñaban la función primaria del dinero; o sea, la de servir de medio de pago en los intercambios”.

Con la Conquista, continúa la investigadora, se introdujo el uso de unidades de cuenta y de monedas metálicas. Con el tiempo, los tiempos y valores se calcularon en términos monetarios, “independientemente de que el pago se materializase con piezas metálicas, signos monetarios, documentos, o se recurriese a la compensación de cuentas o al trueque de mercancías”.

Dado que en el siglo XVI hubo escasez de moneda y falta de liquidez, se dieron diversos instrumentos de crédito, señala la investigadora. “Un análisis de los protocolos notariales de la Ciudad de México muestra la extensión del crédito en esa centuria; si se excluyen las escrituras de representación (poderes), las operaciones crediticias son las más abundantes. Cabe decir que en el caso de las ventas a crédito, llegaron a tener una tasa de hasta 68%

 

A principios del siglo XX muchas entidades de México emitían sus propios billetes
A principios del siglo XX muchas entidades de México emitían sus propios billetes

 

Tiempo después, terminada la etapa Colonial, como comenta el investigador Eduardo Turrent en su “Historia sintética de la Banca en México”, hasta 1864 no había una Banca en México, aunque sí operaciones de crédito, como el concedido por las órdenes religiosas como los jesuitas.

La Banca formal se dio con el establecimiento en la Ciudad de México, de una sucursal del Bank of London, Mexico and South America. Poco después, en Chihuahua, hacia 1875 fue creado el Banco de Santa Eulalia y después, el Banco de Hidalgo. Sobre esos años, el historiador Turrent dice: “Desde el punto de vista de la especialización para las instituciones, la Ley de Instituciones de Crédito que se promulgó en 1897 contempló tres modelos bancarios: bancos de emisión (bancos de depósito y descuento con facultad para emitir billetes), bancos hipotecarios y 2 bancos refaccionarios”. Con el paso del tiempo muchas entidades tuvieron sus propios bancos, así como algunos ejércitos, como el Constitucionalista.

 

Anton Fugger, pintado por Hans Maler, fue un notable banquero alemán de los siglos XV y XVI.
Anton Fugger, pintado por Hans Maler, fue un notable banquero alemán de los siglos XV y XVI.

 

Una larga historia

 

La historia de la Banca, del crédito y de los banqueros ha generado la creación de decenas de libros y artículos, por lo cual este texto busca sólo ser un mero acercamiento al tema para subrayar cómo desde tiempos inmemoriales, la Banca y los banqueros, han estado conviviendo con millones de personas que buscan lograr cumplir sus sueños de poseer una mejor calidad de vida, misma a la que aspira cualquiera en México y en el mundo.

 

Jacob Fugger, en este retrato, con su esposa, fue el banquero y consejero de Maximiliano I.
Jacob Fugger, en este retrato, con su esposa, fue el banquero y consejero de Maximiliano I.

 


Texto:Gabriela Celis Navarro

Foto: wikipedia, stickbyatlas