Ricardo Amezcua Cuspinera.

La búsqueda artística de hacer lo irracional.

La herencia, la esencia y la pasión por hacer lo que le gusta, fueron elementos determinantes para que Ricardo Amezcua Cuspinera se convirtiera en un artista que está trascendiendo y así romper la barrera de lo racional, de lo tradicional. Pintor y escultor, este joven artista mexicano está entrando a la cúspide del arte mexicano.

Dicen que el artista nace, no se hace. Y esta puede ser la mejor definición para Ricardo Amezcua Cuspinera, quien desde su infancia dio muestras muy claras de que el arte corría por sus venas en forma intensa. La historia artística empieza desde muy niño y aunque hoy sigue siendo joven, ya ha recorrido un buen camino y busca obtener el reconocimiento en vida que muchos artistas plásticos logran hasta que están extintos.

Cualidades naturales, herencia artística de sangre, poca academia pero mucha inspiración y técnica propia, dan como resultado una obra contemporánea con sello único. Se trata de Ricardo Amezcua Cuspinera, joven y versátil pintor y escultor mexicano, con origen en la Ciudad de México.

Un juego artístico

"La inquietud por la pintura inició desde muy pequeño, iba a la escuela como cualquier niño pero no me sentía conforme, en cambio agarraba mis cuadernos y me ponía a dibujar cualquier cosa, a mis maestros y amigos".

Las primeras incursiones que realizó en la pintura fueron en murales que le permitían hacer en la escuela, donde siempre dedicaban un espacio para esos menesteres y él siempre se ganó la oportunidad de expresarse a través de la pintura.

"Conforme fui creciendo me di cuenta que la escuela era como un trámite de mi vida y en realidad lo que me gustaba era hacer algo manual. En aquel entonces no tenía claro qué, pero siempre estaba haciendo cosas creativas, modelos, cosas en diversos materiales, arcilla, plastilina y llegué a hacer piezas en resina. Y luego empecé a dibujar otra vez".

Aunque reconoció que vivió una infancia feliz, tuvo muchos problemas existenciales en esos momentos, en realidad siempre se sintió una persona rara y hasta el día de hoy lo sigue sintiendo, una persona distinta. "Veía a mis amigos que había en la clase, sacaban buenas calificaciones, estaban metidos en esa atmósfera de la escuela de la cual siempre me sentí ajeno; en ese momento no había nadie que me explicara que en este mundo para vivir tenía que estudiar, para mí todo eso era secundario, no encajaban en mí muchas cosas, como que estaba en otra dimensión".

Pintaba y pintaba todo el tiempo, era muy soñador desde pequeño, imaginaba cosas, por ello vivía en un mundo diferente a todos sus compañeros de escuela. "Vivía como en otra dimensión".

Sus cualidades artísticas propiciaron que en lugar de dar regalos físicos, realizaba dibujos y los obsequiaba a la gente que apreciaba.

Sin duda, el arte circuló por sus venas desde muy pequeño y se fue reafirmando conforme evolucionaba su vida, a tal grado que al cumplir 17 años de edad, la pintura y la escultura le empezaron a causar una gran inquietud.

"Hubo gente en mi camino que me empezó a motivar, veía mis trabajos y me decía que tenía talento, que tenía que explotarlo e incluso vivir de eso. Sin embargo, yo aún tenía mis dudas, pensaba que la vida no se ganaba haciendo pintura y escultura".

A diferencia de grandes artistas que estudian mucho o tienen grandes maestros, Ricardo Amezcua Cuspinera se dio cuenta él solo de que podría pintar cosas que ni siquiera se imaginaba podría lograr.



El arte en la sangre

El gusto por la creatividad proviene básicamente de su abuelo materno, que se dedicó a algunas actividades artísticas. "Ese fue mi mayor parámetro en cuestión de arte, él murió cuando yo estaba muy pequeño, fue director de arte o dibujo en Petróleos Mexicanos y en las tardes que terminaba su trabajo se dedicaba a pintar por gusto, aunque llegó a recibir ingresos de esa actividad cuando realizaba pinturas para algún conocido. Me acuerdo de niño haberlo visto pintar, pero no entendía qué era lo que hacía, me llevó tiempo hacerlo". Reseñó que mucha gente de su familia tiene talento para pintar.

Recordó que la herencia no fue solamente genética, también sus primeros pincelazos se dieron con instrumentos que heredó de su abuelo. "En un momento de mi vida me llegó una paleta y una caja con pinceles de él. Aún me pregunto por qué llegaron a mis manos, pero recuerdo que empecé a ver y a conocer los pinceles, entonces a parte del cariño que tenía por esa caja, porque era de mi abuelo, pensé que en algún momento los podía utilizar".

Por lo mismo, cuestionamos a Ricardo Amezcua Cuspinera sobre si el artista nace o se hace y su respuesta fue contundente: "Nací así, eso es una realidad que no puedo explicar".

Otro momento trascendente en su vida de artista, describió, fue cuando tocó por primera vez los pinceles y empezó a pintar, donde experimentó una emoción nunca antes sentida. "Como que me reencontré de alguna manera conmigo mismo", eso sucede más o menos a los 18 años de edad.

Relató que cuando empezó a hacer su primera obra en óleo, sintió entrar en trance y entregarse a la pintura. "No hice una obra de acuerdo con un dibujo o algo preestablecido, lo traía en la sangre y en el alma, porque agarré el pincel y como si ya supiera cómo hacerlo, como si ya tuviera años de experiencia, elaboré mi primera obra".

Con las dudas naturales de un joven sobre su futuro, prosiguió su formación académica, ingresó a la carrera de Arquitectura, donde incluso llegó a hacer actividades docentes por ser el mejor de su generación, también llegó a desempeñar algunos trabajos administrativos. Sin embargo, al conocer ciertos profesores su gusto y habilidad por la pintura, todos coincidían en que no tenía nada que hacer ahí, que su futuro estaba en otro lado.

"Un maestro me dijo sabes qué Ricardo, yo no entiendo tu vida, me queda claro que eres una persona talentosa en tus cosas, ¿qué haces aquí?, no tienes necesidad de hacer una carrera ni nada de esto, ni siquiera te vas a dedicar a la arquitectura. Ahí fue cuando empecé a entender la cuestión académica, me empecé a dar cuenta que el ser humano debe estar donde debe, debe estudiar lo que encaje con él, donde tenga más talento". 

Por ello, aunque estudiaba, algo dentro de él le decía que el camino y su vida eran por otro lado. "Hasta que un día, como si alguien dentro de mi me dijera que lo que tenía que hacer era pintar y hacer arte, en ese momento dejé todo y me dediqué a mi pasión".

Su decisión en ese momento fue dedicarse en cuerpo y alma a la pintura. "Voy a pintar por gusto, me voy a morir pintando, pero aparte lo voy a complementar con la parte económica".

No terminó la carrera y se empezó a saturar de trabajo artístico, es un punto importante para que se saliera de la escuela. Eso sucedió como a los 21 años de edad y, por lo tanto, dejó a la mitad la carrera de arquitectura contando con el apoyo incondicional de su familia, encabezada por su padre.

Arte lírico


La historia por las aulas de Ricardo Amezcua Cuspinera no tiene nada que ver con el arte, en este sentido siempre fue nato, nunca estudió nada al respecto, lo único que hizo ya dedicado 100 por ciento al arte fue tomar algunos diplomados o especialización en ciertas técnicas, como teoría del color y materiales para poder tratar todo el cuadro como debe ser, como lo hacían en antaño.

"A San Carlos fui alguna vez pero no me aceptaron, tal parece que si te ven posibilidades te bloquean. Cuando vieron mis trabajos me dijeron que no era apto para la escuela". 

"De alguna manera me sentí discriminado, porque es una realidad, no pueden ver una persona diferente a ellos; si no tienes una forma de vida de bohemio, una forma de vestir, de ser, si te sales de ciertas características te cuestionan qué haces ahí".

Sin embargo, hubo buenas personas que lo ayudaron a disipar algunas dudas que tenía y posteriormente se dedicó 100 por ciento a esto. "Nunca quise volver intentar a meterme a La Esmeralda o San Carlos".

Siempre le ha gustado experimentar y comprender la materia. Por ejemplo, "si voy a hacer una pieza en barro, me interesa investigar desde cómo se crea y cómo se trabaja, para que de alguna manera tenga una maestría en ello, ir a fondo para que pueda controlar el material".

Cada vez que tiene una técnica diferente, toma el material, lo investiga, estudia lo que se debe de hacer y lo hace. "Así es como voy aprendiendo muchas cosas, por eso es que de repente mi obra ha cambiado un poco de estilos, a veces en forma drástica, porque me ha gustado experimentar desde siempre, ser dinámico y no hacer siempre lo mismo".

El artista se casó joven, a los 19 años, lo que propició un giro impresionante en su vida. "En el momento en que me casé, sentí la necesidad de superarme y tuve un empuje de crecimiento, yo veía a mi esposa Lis y a mi primer hijo Mauricio y decía "tengo que salir adelante por ellos y así me inspiraban". Creo que esto fue clave en mi vida, creo que si no lo hubiera vivido no hubiera podido avanzar hasta donde estoy ahora".

Objetivos

Algún día entendí que independientemente de mi talento, que había nacido con ello, también el arte es un oficio y hay que respetarlo.

Va a romper con los parámetros tradicionales y de entrada quiere que se le llegue a reconocer en esta época y trascender en vida.

Finalmente, sobre su obra hay mucho que decir y se requiere una edición adicional para ello, por ahora podemos decir que siempre ha buscado que su obra genere emociones, sentimientos, que transmita algo al verla.

"Busco que la gente pueda sentir una emoción cuando ve mi obra, básicamente es lo que he tratado de hacer y creo que lo he logrado por medio de los rostros y de las miradas que he hecho últimamente en los cuadros, eso es lo que más me gustaría que la gente viera en mi obra y les de miedo, tristeza, que les provoque algo", finalizó Ricardo Amezcua Cuspinera.

De apariencia sencilla, centrado, maduro, tal pareciera que es mucho mayor de edad y sin duda rompe con el estereotipo clásico de un artista, a tal grado que en ocasiones la gente no cree que él es el artista.

En la siguiente edición, su inspiración, la admiración por otros artistas, su técnica y su obra.­