El retroceso estuvo prácticamente concentrado en la construcción residencial, cuya inversión disminuyó 7.88% mensual, luego de crecer 12.08% en abril. En contraste, la construcción no residencial avanzó 3.34%, su mayor crecimiento mensual desde agosto de 2023.
Pese a la caída mensual, la construcción mantiene un balance positivo en el acumulado del año. Entre enero y mayo, la inversión en el sector aumentó 2.68% anual, impulsada principalmente por el segmento no residencial, que acumula un crecimiento de 3.44%, frente a 1.94% de la construcción residencial.
El desempeño anual también muestra la creciente relevancia de la obra no residencial. En mayo, la inversión en construcción aumentó 2.04% anual; mientras la residencial disminuyó 5.44%, la no residencial creció 11.76%, su mayor tasa anual desde mayo de 2024.
Otro elemento relevante es el origen de los recursos. En cifras originales, la inversión en construcción aumentó 2.69% anual en mayo, pero mientras la inversión privada disminuyó 1.12%, la pública registró un crecimiento de 30.48%.
De cara a los próximos meses, Banorte considera que la construcción será uno de los principales soportes de la inversión, respaldada por un mayor ritmo del gasto gubernamental en infraestructura y por la eventual consolidación de proyectos de inversión mixta. Energía, agua, salud y farmacéutica aparecen entre los sectores con oportunidades.
Así, mayo deja una señal clara: el impulso extraordinario de abril no se consolidó, pero la construcción no perdió completamente su dinamismo. El reto será determinar si la obra no residencial y el gasto público pueden compensar la debilidad residencial y convertirse en una base más estable para la inversión durante el segundo semestre.