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El nuevo rascacielos de Kengo Kuma en Quito explora la cerámica como sistema arquitectónico, integrando materialidad, clima y contexto urbano.

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En Quito, la verticalidad urbana se replantea desde una lógica material profundamente arraigada en lo local. El nuevo rascacielos diseñado por Kengo Kuma introduce una lectura contemporánea de la cerámica, transformándola en el eje conceptual y técnico de su arquitectura.

La torre Qapital tendrá 32 pisos y una altura de 128.5 metros, y se suma a un número creciente de proyectos en Quito. Concebida como una torre residencial de uso mixto, se distingue por una envolvente compuesta por módulos cerámicos superpuestos que generan profundidad, textura y variaciones lumínicas a lo largo del día.

 

Más que un gesto estético, la fachada funciona como un sistema pasivo que regula la incidencia solar y favorece la ventilación natural, reduciendo la carga térmica del edificio.

 

 

Esto revela una constante en la obra de Kuma: la reinterpretación de técnicas tradicionales dentro de tipologías contemporáneas. En este caso, la cerámica —históricamente vinculada a la escala artesanal— se traslada al lenguaje del rascacielos mediante un sistema modular que permite su repetición y adaptación a gran escala.

Cabe destacar que la disposición de los elementos cerámicos no solo responde a criterios climáticos, sino también a la creación de una fachada permeable que equilibra privacidad, vistas y relación con el entorno urbano.

También, el proyecto dialoga con el contexto geográfico. Inspirado en la topografía andina y en las tradiciones constructivas locales, el edificio busca integrarse visual y materialmente en el paisaje de la ciudad. La textura de su envolvente remite tanto a la rugosidad de la piedra como a la sensibilidad táctil de la cerámica, estableciendo un puente entre naturaleza y arquitectura.

 

 

La torre incorpora unidades residenciales compactas junto con espacios comerciales y amenidades, respondiendo a una demanda creciente por modelos habitacionales flexibles en centros urbanos densos.

 

Más allá de su escala, el proyecto plantea una reflexión sobre el futuro de la arquitectura en altura. En ese sentido, el rascacielos en Quito no solo amplía el portafolio global del arquitecto, sino que introduce una narrativa distinta en el desarrollo vertical: una en la que la innovación no se opone a la tradición, sino que la amplifica.