Hoy se cumplen 20 años de la muerte de este cineasta; sus películas ventilaron su gusto por los espacios simétricos y el puntillismo.

A 20 años de la muerte de Stanley Kubrick, quien naciera en Nueva York, un 26 de julio de 1928-1999, su legado se mantiene vivo a través de sus películas; sin embargo, el director de A Clockwork Orange siempre confesó tener una obsesión por la precisión en sus trabajos; así como una tremenda afición al puntillismo, debido a la desmesurada atención que tenía en los detalles.

Muestra de ello es lo presentado en la película The Shining, donde explota los elementos de un hotel a través de encuadres que resaltan elementos con una composición simétrica; situación que se observa, también, en los patrones del suelo, las paredes, el vestuario o la luz artificial.

“Kubrick era un perfeccionista a niveles enfermizos. Podía pasarse meses investigando una un mueble antiguo, un papel de pared o un cuadro. De ahí su obsesión por el arte o el diseño y el amor que muchos diseñadores y artistas sentían por él. Lo mismo puede decirse de su pasión por la tipografía o la fotografía. Una vez que algo entraba en su campo de visión, era imposible que lo dejara ir”, relató para una publicación internacional, el historiador británico Christopher Frayling.

Sin pasar por alto el resto de sus obras fílmicas, en The Shining se ejemplifican varias de sus obsesiones con las formas y figuras, como la geometría que se presenta en un laberinto visual sin salida. Debido a este trastorno obsesivo compulsivo, personas allegadas al director de Barry Lyndon, manifestaron que buscaba especialistas para complementar sus trabajos; los cuales, aportaran información detallada en temas como: ingeniería, astronomía, física, música, escritura, etc.

“Su obsesión por los logos, las marcas y las tipografías es algo obvio en el conjunto de la obra del director, así como la búsqueda constante de patrones y texturas que encajaran en la escenografía de un modo orgánico. Por eso volvía locos a todos los diseñadores, ilustradores y directores de arte del planeta, nada lo tenía satisfecho; por ello, abandonaba el set y corría a los institutos a buscar especialistas ”, comentó en entrevista para un diario internacional, Tony Nourmand, dueño de la editorial Reel Art Press y autor del libro The 2001 files, quien  relata la historia de un ingeniero que trabajó para Kubrick en filmes como 2001: A Space Odyssey y Dr. Strangelove.

Con información de El País y The New York Times.