La revisión que iniciará formalmente el próximo 1 de julio de 2026, debe entenderse como un proceso que trasciende el ámbito comercial y se inserta en una agenda estratégica más amplia que involucra competitividad regional, seguridad económica, migración, combate al narcotráfico y geopolítica,
Así lo indica el análisis de Banorte denominado “T-MEC 2026: Entre la geopolítica, el comercio y la integración regional”, donde se señala que el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la creciente competencia tecnológica con China, la reconfiguración de las cadenas globales de suministro y la búsqueda de mayor resiliencia económica han modificado profundamente el contexto en el que operará la revisión del acuerdo.
Bajo este escenario, el comercio funciona cada vez más como una herramienta de negociación dentro de objetivos políticos y estratégicos más amplios.
Las negociaciones previas a la revisión formal ya están en marcha. Las discusiones se han concentrado en reglas de origen, contenido regional, minerales críticos, barreras no arancelarias, cadenas de suministro estratégicas y competitividad regional. El análisis considera que estas conversaciones serán determinantes para el futuro del acuerdo.
Respecto a los posibles resultados, el análisis plantea tres escenarios. El primero contempla una extensión consensuada del tratado hasta 2042, considerado el escenario más favorable por la certidumbre que otorgaría a la inversión y a la relocalización de cadenas productivas.
El segundo, al que Banorte asigna una probabilidad ligeramente mayor, prevé que no exista una extensión inmediata y que el acuerdo entre en un proceso de revisiones anuales, manteniéndose vigente mientras continúan las negociaciones.
Y el tercero, una ruptura del marco trilateral para dar paso a acuerdos bilaterales, es considerado poco probable debido a los elevados costos económicos y geopolíticos para los tres países.
Entre las conclusiones más relevantes, el análisis de Banorte sostiene que existen fuertes incentivos para que se mantenga la integración regional. Además, destaca que México mantiene ventajas competitivas derivadas de su cercanía geográfica, integración manufacturera y participación en las nuevas cadenas de valor asociadas a tecnologías avanzadas e inteligencia artificial, factores que podrían fortalecer su posición en la próxima etapa del desarrollo económico de Norteamérica.