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El triunfo demócrata en ambas cámaras del Congreso estadunidense abre un nuevo escenario para la economía de Estados Unidos y su relación con México. Aunque podría moderar las políticas migratorias y fiscales de Donald Trump, persisten riesgos comerciales y arancelarios para la revisión del T-MEC.

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La derrota del Partido Republicano en las elecciones intermedias de Estados Unidos representa un cambio en el equilibrio político que tendrá implicaciones económicas, financieras y comerciales para ambos países, aunque no significa el fin de las políticas proteccionistas de Donald Trump.

Obtuvieron los demócratas 54 escaños en el Senado, 232 en la Cámara de Representantes y 22 gubernaturas, según un análisis de Banorte. El resultado refleja el descontento de los electores por el elevado costo de vida, particularmente alimentos, vivienda, energía y servicios de salud.

El nuevo Congreso, que asumirá funciones en enero de 2027, tendrá mayor capacidad para limitar iniciativas fiscales, supervisar al Ejecutivo y condicionar presupuestos. Sin embargo, el análisis de Banorte advierte que Trump conservará amplias facultades comerciales, incluyendo la imposición de aranceles.

 

Para México, el principal desafío continuará siendo la revisión del T-MEC. Al respecto, un análisis de Banamex considera que el nuevo equilibrio político podría favorecer una mayor previsibilidad institucional, pero no eliminará las exigencias estadunidenses sobre reglas de origen, contenido regional, trazabilidad y condiciones laborales.

 

En los mercados financieros, la reacción inicial fue favorable para México. De acuerdo con Banamex, el dólar retrocedió 0.3%, mientras el peso mexicano se apreció 1.4%, hasta 18.57 unidades por dólar. También disminuyeron los rendimientos de los bonos del Tesoro ante expectativas de mayores restricciones al endeudamiento estadunidense.

A su vez, el cambio político podría favorecer las inversiones en energías renovables, mientras una regulación más estricta sobre centros de datos e inteligencia artificial podría modificar decisiones de inversión, incluso en beneficio de ubicaciones alternativas como México.

Por su parte, en materia migratoria, Carlos Serrano, economista jefe de BBVA México, anticipa que el triunfo demócrata podría reducir las deportaciones y las acciones agresivas contra los migrantes, mediante restricciones presupuestales y una mayor supervisión legislativa.

Esta perspectiva también favorecería las remesas hacia México, apoyadas por una economía estadunidense sólida y mejores condiciones laborales para los migrantes. Serrano incluso considera posible eliminar el impuesto de 1% aplicado a determinados envíos de remesas.

No obstante, el cambio electoral no garantiza una modificación inmediata de las políticas comerciales ni migratorias, porque Trump conservará facultades ejecutivas importantes.

 

Para México, el nuevo escenario combina oportunidades de inversión y menor presión migratoria con un desafío fundamental: preservar su acceso preferencial al mercado estadunidense y fortalecer la integración productiva de América del Norte.

 

Desde el punto de vista de México, el enfoque más relevante no es solamente que Trump perdió el control del Congreso, sino que podría enfrentar una relación comercial con mayores contrapesos políticos, pero igualmente exigente en materia de contenido regional, empleo, inversión china y seguridad.

La cuestión decisiva será si el nuevo equilibrio institucional facilita acuerdos comerciales duraderos o prolonga la incertidumbre que ha frenado decisiones de inversión.