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Art Basel, La feria de las ferias.


Ninguna feria puede competir con Art Basel, sea en cantidad, calidad o variedad.

Samuel Keller, director actual.

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La Feria de Arte de Basilea, Art Basel realizada en la ciudad homónima del norte de Suiza, y con una tradición de más de 500 años, se ha convertido en el evento comercial de arte más importante del mundo. La pasada edición, la número 37, llevada a cabo en junio, cumplió las expectativas de muchos sobre la reactivación del mercado del arte.



Desde el boom de los años noventa ninguno había sido tan bueno para el comercio artístico como éste, el del 2006. Ha tenido que transcurrir casi un decenio para que las cifras de locura vuelvan a aparecer en las primeras páginas de los periódicos. Por ejemplo, el reciente récord instaurado por Retrato de Adele Bloch-Bauer I del pintor austriaco Gustav Klimt (1862-1918) fue vendido en Nueva York por, nada más y nada menos, 135 millones de dólares, poniéndose de inmediato a la cabeza del listado de los cuadros más caros de la historia del arte. Costará bastante superar esta marca, que deja muy atrás al Muchacho con pipa de Pablo Picasso subastado en el 2004 por 104 millones de dólares.

El termómetro del comercio artístico marca un aumento sostenido de la temperatura, y la proliferación de ferias de arte así lo confirma. Pero, como decimos, la Feria de Arte de Basilea es por sí sola un medidor más que adecuado para analizar el mercado y sus tendencias. En este caso, la afluencia de público y las ventas logradas parecen apuntar a que el negocio navega viento en popa. Más de 100 aviones privados llegaron al aeropuerto de la ciudad (un nutrido grupo de compradores de alto nivel que seguramente encontraron lo que buscaban) y una multitud de galerías incluían suficientes obras maestras como para interesar a cualquiera. La oferta de obras de Picasso, por ejemplo, uno de los artistas más cotizados del momento, superaba la veintena. Otros "clásicos" que se dejaron ver fueron: Amedeo Modigliani, Wassily Kandinsky, Paul Klee o Alberto Giacometti, por citar algunos.

Pese al aspecto un tanto circense que adoptó la Feria de Basilea, este año hubo más pinturas y arte convencional que nunca. Dos mil artistas mostraron lo mejor de su repertorio, frente a casi 60 mil visitantes que se pusieron al día de lo que se gesta en el laboratorio de lo artístico mundial. De 800 galerías internacionales que solicitaron ser incluidas apenas se aceptaron 290, de un total de 30 países, y de ésas solamente 48 eran de nuevo ingreso. Ello nos habla a las claras de lo elitista de este evento, que procura exhibir lo mejor del arte internacional en dos semanas. Es una propuesta vasta y un tanto disparatada, que se hace difícil de absorber en su totalidad para los espectadores abrumados por el espectáculo, saturado, muchas veces, de gigantismo y parafernalia más digna de un parque de diversiones.



La ciudad de Basilea, a orillas del Rin, es desde la Baja Edad Media un centro comercial de gran importancia, una auténtica bisagra entre Italia, Alemania y Francia. Ya en ese entonces contaba con una prestigiosa universidad (1460), y desde 1971, gracias a un permiso expreso del emperador Federico II, comenzó a desarrollar una feria de libre comercio que llegaría a ser lo que hoy vemos, asombrados.

Entonces, hace más de 500 años, y en pleno Renacimiento, osos, leones y monos domesticados hacían sus trucos y acrobacias para atraer a los compradores de los mil y un productos manufacturados que se exhibían en aquellos lejanos tiempos. Hoy en día también hay un poco de eso, el arte actual tiene su parte importante de espectáculo.

En esta edición se dedicó un día a los profesionales del arte: el "Professional Day", que permitió a coleccionistas, encargados de museos, y marchantes, explorar a sus anchas la oferta, sin las molestias del gran público. Se abrió también un espacio para la teoría mediante las "Arts Conversations", donde especialistas y personalidades del mundo del arte charlaban y se explayaban sobre lo último en la creación. En el espacio denominado "Art Premiere" se seleccionó una docena de galerías nuevas, proyectos que apenas empiezan, para que se foguearan con los mayores expertos del mundo, los galeros de toda la vida.



Como vemos, en Basilea presente y futuro se enlazan sin rubor. Y hablando de futuro añadiremos que lo más arriesgado se englobó en el concepto "Art Unlimited", donde 74 propuestas, de otros tantos artistas, muchas de ellas realizadas para la ocasión, y la mayoría imposible de desarrollar en las instalaciones convencionales de una galería, dejaban a más de uno boquiabierto. Fue la parte más espectacular de la feria: un carrusel, tamaño real, de espejos, un dormitorio que se destruye, espacios claustrofóbicos y amenazantes, una camioneta doblada por telequinesis, o simplemente un mural sobre los derechos humanos de James Rosenquist, el último pop, larguísimo mural de 40 metros de extensión.

Como podemos ver había de todo, también mucha pintura, escultura y fotografía, para escoger o simplemente para gozar esta oportunidad única de disfrutar del arte plástico en todas sus manifestaciones, un mercado libre abierto al mundo, como lo manifestó su director, desde el año 2000, Samuel Keller.

 

Una de las grandes tendencias en arte es la globalización. En las últimas décadas los artistas vienen de cualquier parte y pueden vivir en cualquier país. Ya no es necesario estar en Londres, París o Nueva York parar hacer una carrera. Hay numerosas ferias y bienales que permiten un diálogo internacional muy fluido. Cuando decidimos abrir la feria en Miami algunos nos miraron raro por decir que el arte latinoamericano era muy importante, y la realidad nos está dando la razón. Es muy curioso que algunas grandes Casas de subastas vendan el arte latino en áreas separadas, mientras que los creadores latinos, quieren integrarse y no ser marginados a un gueto cultural. Quiero que esos artistas puedan unirse a las corrientes mundiales, puesto que América Latina es una parte central del mundo del arte contemporáneo.

Ojalá que las buenas intenciones de este joven director se concreten en una mayor presencia del arte latinoamericano en el mundo; de momento, Keller ya logró que una selección de lo expuesto en Basilea pueda ser visto en Miami este mismo año (ver lista de ferias). No se lo pierda.

La excelente salud del mercado del arte quedó patente en el éxito de ventas. También, se detectó un nuevo tipo de comprador, más allá de los coleccionistas convencionales o los museos: nos referimos a empresas que administran fondos de retiro. Esto es indicativo de la seguridad que otorga la inversión en arte a mediano y largo plazos.



¿Qué es lo bueno de una feria de arte de esta magnitud, aparte de las ofertas posibles y de cierta seguridad en la autenticidad de las obras, por los filtros de selección aplicados a las galerías? Pues lo bueno es, desde luego, la posibilidad de ver en un tiempo y un espacio muy breves una muestra pormenorizada de lo que se hace hoy en arte, sin olvidar lo que se ha estado haciendo desde hace un siglo, desde que podemos considerar al arte bajo el adjetivo de "moderno", una convención, por cierto, todavía variable. Esta ventaja de la intensidad y la concentración es también una desventaja: demasiadas obras de demasiados artistas con propuestas muchas veces divergentes y aparentemente irreconciliables apabullan al espectador más dotado. De repente se pierde el hilo.

Creo que antes que como compradores debemos acercarnos al arte como espectadores ávidos, hambrientos de experiencias sensitivas e intelectuales, plásticas o poéticas, relajantes o desquiciantes.

Después, para poder pensar en compras o inversiones, y es muy importante que un placer no oscurezca al otro. Si sólo vemos lo que compramos nos estamos perdiendo de casi todo. Coleccionar arte y apreciar al arte son parientes, pero no es lo mismo.

La principal razón para comprar arte es que enriquece nuestras vidas y es excitante. No es el precio de un cuadro el que produce la felicidad que provoca, aseguró el director de esta feria extraordinaria.

Joseph Kosuth, artista conceptual estadounidense, ya un clásico, expuso en esta feria multitudinaria una instalación de 1970 titulada "Information room", que consistía en un montón de libros de arte sobre mesas, unas sillas y un panel luminoso con un discurso que motivaba a la lectura.



Cuando hice esta obra fue un gesto muy radical. Pero 36 años después muchas de las ideas que la motivaron fueron interiorizadas por los artistas más jóvenes. Es como en las primeras pinturas cubistas de Picasso. Cuando se exhibieron en el Armory Show, de Nueva York, la crítica recomendaba a los padres que no dejaran a sus hijas ir a ver esas pinturas. Ahora, a cualquier republicano que se precie le encantaría tener una pintura cubista en su salón y, de hecho, muchos de ellos la tienen.

Lo mejor de lo mejor.

De todas estas ferias de arte internacional sin lugar a dudas la más recomendable es la Bienal de Sao Paulo, donde desde 1951 se reúne arte moderno de todo el mundo, pero recalcando la producción brasileña y latinoamericana. En su edición número 27, esta bienal, considerada la segunda más importante del mundo después de la de Venecia, se abre al público desde el 8 de diciembre.

Patrocinada y organizada por el Museo de Arte Moderno de Sao Paulo, desde 1962 es operada por la Fundación Bienal de Sao Paulo con financiamiento público, tanto local como estatal. En 1973 se instituyó además la Bienal Internacional de Arquitectura y Diseño de Sao Paulo. Para el 2006 se espera que lleguen un millón de visitantes, por lo menos.



Estos son algunos de los artistas más importantes de arte contemporáneo internacional tasados en más de 100,000 USD su obra.