Los créditos hipotecarios que ofrece la banca tienen características que dotan de certidumbre al cliente, de principio a fin.

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 A lo largo de los últimos 30 años, México ha experimentado al menos tres grandes crisis económicas.  Una de ellas, detonada en diciembre de 1994, generó una severa crisis financiera local que propició la quiebra de la mayor parte de los bancos existentes y de paso, que muchas personas perdieran su patrimonio, porque los créditos hipotecarios se volvieron impagables.

Precisamente a raíz de esa situación, los bancos se retiraron del otorgamiento de financiamiento hipotecario desde 1995 hasta el cierre de esa década, cuando la banca regresó tímidamente a otorgar crédito hipotecario.

Sin embargo, a partir de entonces, a la oferta de productos hipotecarios se le fueron incorporando una serie de elementos que los hicieron menos riesgosos para las instituciones, pero sobre todo para los clientes.

Con el paso de los años se fueron mejorando al grado que hoy en día, prácticamente se ofrecen créditos hipotecarios blindados.

El cambio más importante es que a diferencia de créditos hipotecarios con tasas de interés variables, como sucedió hasta mitad de los años 90, donde el riesgos de incremento en las tasas de interés lo asumía el acreditado, desde el regreso a la banca se incorporaron créditos con tasas de interés fija, por lo que el riesgo de volatilidad en el costo del dinero lo asumen las instituciones y no el cliente.

Así que, en el momento en que un cliente firma un contrato en pesos, a tasas fija y pagos fijos, desde que inicia el crédito hasta que finaliza sabe perfectamente cuánto va a pagar y no hay cambios, es decir, goza de certidumbre total de principio a fin.

Pero no solo la tasa fija y los pagos fijos aportan certidumbre, también se han incorporado una serie de seguros que contribuyen a ello. Por ejemplo, hay un seguro de crédito, donde en caso de fallecer el acreditado, se cubre el saldo insoluto de la deuda y el inmueble pasa a propiedad de los deudos o beneficiarios.

Asimismo, hay un seguro de desempleo, donde en caso de que el acreditado pierde su fuente de ingresos, dicho seguro cubre una determinada cantidad de mensualidades en lo que logra recuperar su empleo. Este seguro está activo para cubrir un número determinado de eventos durante el periodo en que está vigente el crédito, de acuerdo con cada institución.

Esto son tan solo algunos de los elementos más relevantes que han hecho un producto anticrisis y que precisamente en la situación adversa de 2008-2009, la banca no sufriera de un desmedido repunte de la cartera vencida en crédito hipotecario y se mantuvo la salud de la banca.

En 2020 y lo que va de 2021, con la crisis sanitaria ha pasado algo similar, aunque ahora por la magnitud de la crisis, se aplicaron programas extraordinarios de apoyo a los deudores para evitar quebrantos.

De cualquier manera, es reducido el repunte de la cartera vencida del segmento hipotecario en la banca y mucho menos ocasionó quebrantos en las instituciones.

El crédito para la vivienda que ofrece la banca ha demostrado en los últimos 20 años, ser un producto que además de permitir acceder a un patrimonio a las familias mexicanas, también les ofrece certidumbre.