Para muchas compañías, no se trata de eliminar su producción en China, sino de diversificar su cadena de suministro.

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La industria manufacturera no será la excepción entre los sectores que asumirán cambios a raíz del COVID-19. De acuerdo con expertos, compañías de origen estadounidense están evaluando fabricar más cerca de su casa -es decir en México- lo que podría conducir a un resurgimiento del ‘nearshoring’.

Empresas multinacionales se han percatado cómo una interrupción (como la generada por COVID-19) puede significar un alto a todo su flujo de producción, en parte debido a la alta dependencia de cadenas de suministro chinas. Las firmas globales que producen en varios países tienen la ventaja estratégica de trasladar su producción a otras bases y mantenerse competitivas en tiempos turbulentos.

De acuerdo con Matt Brady, Vicepresidente Ejecutivo, y Andrés Galvis, Director Regional de Latinoamérica de la empresa de diseño Ware Malcomb, está claro que muchas empresas de Estados Unidos están examinando la manufactura más cerca de casa, es decir en México, lo que podría conducir a un resurgimiento del "nearshoring"

Los Estados Unidos han confiado en México como un socio de fabricación sólido durante décadas. Sin embargo, a finales de la década de 1990 y principios de la década de 2000, muchos fabricantes recurrieron a China como una alternativa de menor costo. No obstante, como cualquier estrategia de negocio hubo pros y contras para la manufactura.

La rápida expansión global de COVID-19 ha sido la gota que derramó el vaso, ya que China entró en un bloqueo extremo y la producción de fábricas se redujo o se detuvo severamente; asimismo, el envío.

Las ventajas que ofrece México lo convierten en uno de los principales contendientes como una opción de fabricación. Entre algunas ventajas destacan: el T-MEC, el tipo de cambio, la velocidad de entrega al mercado estadounidense, una fuerza de trabajo joven con salarios competitivos y protección de la propiedad intelectual.