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Un nuevo ranking internacional revela qué ciudades lideran la movilidad ciclista global y qué factores marcan la diferencia entre la ambición y la implementación efectiva.

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Las cuatro ciudades líderes en cuanto a madurez global en políticas ciclistas son las neerlandesas Utrecht y Ámsterdam, la danesa Copenhague y la belga Gante, según un nuevo ranking internacional.

El Índice Copenhagenize 2025 – Edición de Movilidad Urbana del EIT, el ciclismo ya no se considera un tema de movilidad minoritario, sino una “palanca transversal” para la acción climática, la salud pública y la calidad de vida en general.

 

Y entre las principales ciudades en ascenso se encuentran París (5º) y Helsinki (6º), que han acelerado sus esfuerzos y están a punto de alcanzar el primer puesto a nivel mundial. Sin embargo, el índice advierte que ahora deben demostrar su capacidad para seguir siendo ciudades amigables con la bicicleta a lo largo del tiempo. Completan el top 10: Münster (7º), Amberes (8º), Burdeos (9º) y Nantes (10º). La brasileña Niteroi es la mejor ubicada de Latinoamérica, en el sitio 43°.

 

De 150 ciudades preseleccionadas, se evaluaron 100 ciudades de 44 países, lo que convierte a esta clasificación en un referente mundial único, según afirma EIT, que incluye centros urbanos de todos los continentes.

Ahora bien, en todos los continentes, el índice registra un cambio desde los proyectos piloto hacia programas más estructurados y a largo plazo, integrados en planes más amplios de resiliencia y movilidad sostenible. Sin embargo, el índice también constata que la brecha entre la ambición y la implementación sigue siendo amplia, y que la estabilidad de la financiación, la continuidad política y la capacidad técnica se perfilan como factores clave que diferencian a las ciudades mejor clasificadas de las de clasificación media.

 

Reúne este ranking internacional ciudades de todos los continentes, que representan diversas formas urbanas, climas y economías. El clima por sí solo no determina si una ciudad puede ser amigable con la bicicleta o no. Desde el calor y la humedad de Singapur y Dubái hasta los fríos y nevados inviernos de Helsinki, Quebec y Minneapolis, todas se han ganado merecidamente su lugar en el ranking, señala EIT. Estas ciudades demuestran que el ciclismo puede prosperar en cualquier lugar y que la bicicleta se ha convertido en una poderosa herramienta para combatir el cambio climático.

 

Más allá del clima o la topografía, el factor que mejor predice el éxito del ciclismo es la inversión continua respaldada por una gobernanza interdepartamental eficaz.

Para el índice, las ciudades que conciben el ciclismo como un sistema –integrando infraestructura, comunicación y monitoreo– logran sistemáticamente resultados mejores y más estables.

Si bien las ciudades históricas que han apostado por el ciclismo han invertido durante décadas, según el índice, muchas de las ciudades mejor clasificadas hoy en día lograron su posición gracias a un cambio decisivo en sus políticas: pasar de iniciativas modestas a convertir el ciclismo en un pilar fundamental del desarrollo urbano.

Mientras tanto, Quebec (29º), Lyon (14º), Berna (20º), Graz (21º), Bolonia (25º), Estocolmo (26º), Vitoria-Gasteiz (27º) y Wrocław (28º) entran en el Índice por primera vez, lo que indica un fuerte impulso hacia la transformación ciclista.

 

Las ciudades europeas dominan la clasificación por varias razones, entre ellas un fuerte compromiso político –a menudo impulsado y apoyado por los ciudadanos locales– para invertir en la transición ecológica.

 

Con respecto a las 30 ciudades principales, lo que las distingue es que la mayoría comparte una fortaleza común: un claro avance en sus estándares de diseño, desde carriles para bicicleta más amplios y una separación efectiva del tráfico motorizado hasta la transformación de corredores urbanos en calles exclusivas para bicicletas donde el volumen de ciclistas lo justifica.

Esta infraestructura impulsa directamente el número de personas que optan por la bicicleta. Estos ejemplos demuestran que las calles no tienen por qué priorizar los autos; cuando se diseñan para todos, los beneficios se extienden por toda la ciudad.

 

Las principales ciudades también coinciden en el fuerte desarrollo de la intermodalidad, que vincula la bicicleta con el transporte público. Esto incluye aparcamientos seguros para bicicletas, sistemas de bicicletas compartidas y la integración de la movilidad compartida con las tarjetas de acceso al transporte público.