Tras 16 meses de ausencia, la operación realizada el 22 de enero alcanzó una demanda máxima de 10 mil 451 millones de dólares, equivalente a una sobresuscripción de siete veces el monto ofrecido, reflejando un elevado interés de inversionistas institucionales globales.
La transacción se estructuró en dos tramos. El primero corresponde a un bono tipo bullet con vencimiento a ocho años y una tasa indicativa de 6.04%, cuyos recursos se destinarán al refinanciamiento de pasivos, con el objetivo de fortalecer el perfil financiero de la empresa. El segundo tramo consiste en un bono amortizable a 25 años, con una tasa de 6.50% y una vida media de 12 años, orientado al financiamiento de proyectos de inversión.
Ambos instrumentos están previstos para recibir calificaciones de grado de inversión: Baa2 por Moody’s, BBB por S&P y BBB- por Fitch, en línea con las calificaciones de la deuda vigente de la empresa productiva del Estado.
De acuerdo con la información oficial, uno de los elementos más relevantes de la operación fue la fortaleza de la demanda, que permitió colocar los bonos sin necesidad de ofrecer incentivos adicionales a los inversionistas.
Este resultado se tradujo en diferenciales históricamente bajos frente a la deuda soberana de México en los mercados internacionales: 38 puntos base para el tramo a ocho años y 40 puntos base para el tramo a 25 años, cerca de 50 puntos base por debajo de la emisión internacional realizada por la CFE en septiembre de 2024.
La emisión se suma a los esfuerzos de la CFE por mantener una gestión financiera orientada a la estabilidad operativa y al cumplimiento de sus compromisos de inversión y suministro eléctrico en el país.