El reporte advierte que, de mantenerse las tensiones geopolíticas, los cambios regulatorios y la falta de claridad en las políticas públicas, el impacto podría escalar hasta 380 mil millones de dólares adicionales en 2026.
Señala el estudio que la incertidumbre alcanzó niveles históricamente elevados, incluso superiores a los registrados durante la crisis financiera de 2008-2009 y en los primeros meses de la pandemia de COVID-19. Como consecuencia, el crecimiento de la inversión empresarial global se desaceleró a apenas 0.4%, menos de una cuarta parte de su potencial estimado en un entorno de mayor estabilidad.
La investigación analizó el comportamiento de diez de las principales economías del mundo, entre ellas México, Estados Unidos, Canadá, China, India, Japón y varios países clave de Europa.
En términos absolutos, Estados Unidos encabezó las pérdidas globales con una reducción estimada de 74 mil millones de dólares en inversión, pese al impulso que mantienen sectores vinculados con inteligencia artificial y tecnología.
Corea del Sur también enfrentó impactos relevantes debido a tensiones comerciales y factores de inestabilidad política interna. En contraste, economías como Brasil e India lograron amortiguar parcialmente los efectos gracias al dinamismo de sus mercados internos, mientras que China mostró mayor capacidad de adaptación ante un entorno de volatilidad sostenida.
Las economías europeas analizadas y Japón limitaron sus pérdidas a alrededor de 1%, reflejando una mayor diversificación económica y menor dependencia de factores externos.
Frente a este panorama, la ICC global subrayó la necesidad de construir marcos políticos más estables, previsibles y coherentes que permitan recuperar la confianza empresarial y sostener la inversión internacional en un contexto global cada vez más complejo.
La incertidumbre política y comercial a la que hace referencia el reporte de Oxford Economics no solo contempla la guerra comercial entre Estados Unidos y China o los aranceles impulsados por Donald Trump, sino un entorno global marcado por múltiples tensiones geopolíticas y regulatorias.
Entre ellas destacan la disputa tecnológica entre ambas potencias en sectores estratégicos como inteligencia artificial y semiconductores, la renegociación y endurecimiento de reglas comerciales en Norteamérica, así como la continuidad de la guerra entre Rusia y Ucrania, que sigue afectando energía, alimentos y cadenas de suministro globales.
A ello se suman los conflictos en Medio Oriente y las afectaciones al transporte marítimo en el Mar Rojo, la desaceleración económica e inmobiliaria en China, además de procesos electorales y cambios regulatorios en economías clave. En conjunto, estos factores han generado un entorno donde las empresas enfrentan mayores dificultades para anticipar costos, reglas comerciales, estabilidad política y condiciones de inversión, provocando que muchos proyectos de expansión o inversión global se pospongan o cancelen.