De acuerdo con un análisis de S&P Global Market Intelligence, el corredor podría consolidarse como una alternativa terrestre al Canal de Panamá y convertirse en una pieza relevante para fortalecer el nearshoring y reshoring manufacturero en Norteamérica.
Ahora bien, el proyecto, que prevé operar plenamente en junio de 2026, conectará los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz, y Salina Cruz, Oaxaca, mediante infraestructura ferroviaria y portuaria modernizada, permitiendo unir el océano Atlántico con el Pacífico a través de una plataforma multimodal.
El reporte subraya que Veracruz y Oaxaca ya representan una parte importante del comercio marítimo nacional. Durante 2025, ambos estados concentraron 32% de las exportaciones marítimas y 31.4% de las importaciones del país, mientras que las exportaciones ferroviarias mexicanas podrían crecer 12.5% en 2026, por encima del avance previsto para el comercio marítimo.
Otro factor que incrementa la relevancia del proyecto es la creciente presión sobre el Canal de Panamá, afectado por riesgos climáticos, congestión operativa y tensiones geopolíticas vinculadas al comercio internacional. Bajo este contexto, el corredor mexicano surge como una opción logística complementaria para conectar cadenas de suministro entre Asia, Norteamérica y la costa este de Estados Unidos.
De acuerdo con el análisis de S&P titulado "Mexi-Corredor: Ruta de tránsito para conectar los océanos Pacífico y Atlántico", a pesar de estos retos, el corredor representa una de las apuestas logísticas e industriales más relevantes para México en las próximas décadas, en un entorno global marcado por la relocalización de cadenas productivas y la búsqueda de rutas comerciales más resilientes.