En México, la vivienda no se edifica únicamente en grandes desarrollos inmobiliarios ni a través de créditos bancarios. Una parte fundamental del parque habitacional del país se construye de manera gradual, con recursos propios y decisiones familiares. La autoconstrucción —también conocida como autoproducción de vivienda— no es un fenómeno marginal: es el principal modelo de acceso a la vivienda para millones de mexicanos.
Radiografía de un modelo que avanza por etapas
A diferencia de la vivienda formal, la autoconstrucción se desarrolla de forma progresiva. Primero se habilita un espacio básico para habitar, luego se levantan muros adicionales, se refuerzan estructuras y, con el tiempo, se amplían habitaciones o niveles. Este proceso responde tanto a limitaciones económicas como a la necesidad de adaptar la vivienda a las dinámicas familiares.
El impacto de la autoconstrucción también se refleja en la economía. La Cuenta Satélite de Vivienda del INEGI identifica a esta actividad como una de las de mayor crecimiento dentro del sector construcción, con expansiones que superan el 10%, por encima de otros segmentos tradicionales.
El papel clave de las tiendas de materiales
Detrás de cada vivienda autoconstruida existe una red económica local que suele pasar desapercibida en las grandes cifras: albañiles, ayudantes, transportistas y, de manera relevante, las tiendas de materiales de proximidad.
Estas tiendas no solo abastecen de insumos básicos como cemento, varilla o block. También cumplen una función estratégica: brindar orientación técnica a personas que, en muchos casos, construyen sin acompañamiento profesional. La asesoría sobre mezclas, refuerzos o elección de materiales puede marcar la diferencia entre una vivienda segura y una vulnerable.
Además, el uso de tecnologías constructivas más eficientes —como mezclas listas o ladrillos de mayor resistencia— contribuye a mejorar la calidad y durabilidad de las viviendas, incluso cuando se edifican de manera gradual.
Autoconstrucción: oportunidades y preguntas abiertas
Aunque la autoconstrucción representa una solución real para millones de hogares, también plantea desafíos importantes. La falta de supervisión técnica, la construcción por etapas sin un proyecto estructural integral y la informalidad en algunos procesos elevan los riesgos en materia de seguridad y habitabilidad.
Entre las principales interrogantes que rodean a este modelo destacan:
- ¿Cómo garantizar estructuras seguras cuando la construcción se extiende por años?
- ¿Qué papel deben asumir los gobiernos para ofrecer asistencia técnica accesible?
- ¿Cómo fortalecer la capacitación sin encarecer el proceso para las familias?
Especialistas coinciden en que la respuesta no pasa por sustituir la autoconstrucción, sino por acompañarla mejor. Programas de asesoría, materiales certificados y capacitación práctica pueden elevar significativamente la calidad de las viviendas sin alterar su lógica progresiva.
Más que casas, un motor social y económico
La autoconstrucción no solo edifica viviendas; también construye patrimonio, genera empleo local y fortalece comunidades. Cada ampliación representa ahorro familiar, aprendizaje técnico y una apuesta de largo plazo por mejorar la calidad de vida.