El 2026 se perfila como un año decisivo para el sector construcción en México. Más allá del volumen de obra pública o privada que pueda detonar el entorno económico, la verdadera pregunta es si las empresas constructoras están preparadas para competir en un mercado más exigente, con márgenes presionados, mayor escrutinio financiero y proyectos cada vez más complejos.
En este contexto, especialistas de Trimble advierten que la preparación para 2026 no depende únicamente de ganar contratos, sino de fortalecer tres ejes estratégicos: tecnología, talento y procesos.
Tecnología: ¿la empresa opera conectada o fragmentada?
Una de las principales debilidades del sector sigue siendo el uso de herramientas aisladas. Muchas constructoras trabajan con software que no se comunica entre sí, generando duplicidad de información, errores en planos y retrabajos en obra.
Las compañías mejor posicionadas son aquellas que ya operan con modelos constructivos digitales precisos, capaces de acompañar el proyecto desde la ingeniería hasta el montaje. Plataformas como Tekla Structures permiten desarrollar modelos estructurales detallados que reducen inconsistencias antes de llegar al sitio de construcción.
El objetivo no es solo modelar en 3D, sino asegurar continuidad de datos, trazabilidad de cambios y visibilidad de impactos técnicos y financieros en tiempo real. En un entorno donde los costos pueden variar rápidamente, anticiparse se convierte en una ventaja competitiva.
Talento: la diferencia no está en la herramienta, sino en quien la usa
Eduardo Orozco, director regional de negocios de Trimble para México, Centroamérica y el Caribe, lo resume con claridad: la tecnología por sí sola no genera ventajas; son las personas quienes la transforman en resultados.
Esto implica que las empresas deben preguntarse:
- ¿Sus equipos saben interpretar modelos digitales y flujos de información?
- ¿Toman decisiones basadas en datos o en experiencia aislada?
- ¿Existen programas formales de capacitación tecnológica?
Sin talento preparado, incluso la inversión más sofisticada puede quedar subutilizada.
Procesos: el verdadero cuello de botella
Uno de los mayores retos para 2026 será eliminar la fragmentación interna. La desconexión entre diseño, fabricación y ejecución sigue siendo una fuente constante de desviaciones en presupuesto y tiempo.
Las empresas que avanzan hacia esquemas colaborativos centralizan modelos y documentos en entornos digitales compartidos, como los que ofrece Trimble Connect. Esto permite que todos los actores trabajen con la misma información actualizada, reduciendo riesgos asociados a versiones incorrectas o cambios no comunicados.
¿Cómo evaluar si una constructora está lista para 2026?
Los especialistas sugieren un ejercicio interno basado en tres preguntas clave:
- ¿Nuestra tecnología está integrada o dispersa?
- ¿Nuestro talento domina las herramientas digitales o solo las utiliza parcialmente?
- ¿Nuestros procesos permiten visibilidad y control en tiempo real?
Si alguna de estas respuestas es negativa, la empresa enfrenta un riesgo operativo y competitivo.
Un entorno más competitivo y financiero
El desafío para 2026 no será únicamente construir, sino hacerlo con eficiencia, control y previsibilidad. La presión en márgenes, el acceso al financiamiento y la exigencia de transparencia obligan a las constructoras a profesionalizar su operación.
En un mercado donde la ejecución ya no es suficiente, la gestión estratégica se convierte en el verdadero diferenciador. La pregunta no es si habrá obra en 2026, sino qué empresas estarán realmente listas para ejecutarla con ventaja.