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La inversión en construcción de enero apunta a que la fase contractiva del sector podría haber quedado atrás, la recuperación aún luce incipiente y dependerá de una reactivación más consistente de la inversión productiva, particularmente del componente privado.

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Aunque la inversión en construcción inició 2026 con una contracción mensual de -0.8% en enero respecto a diciembre, posponiendo aún el inicio de un repunte en el gasto del sector, mostró un mejor desempeño respecto al año pasado.

 

De acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), dicho desempeño se explicó por el retroceso mensual de -2.2% en la inversión residencial, y de -0.6% en el gasto no residencial, considerando cifras ajustadas por estacionalidad.

 

Bajo el parámetro de cifras originales, la inversión en construcción tuvo un buen inicio de año, toda vez que reportó un crecimiento de 3.0% en enero respecto al mismo mes del año pasado.

Aquí la contribución de la inversión residencial fue determinante al repuntar anualmente 6.8% en el mes inicial de 2026, en tanto la inversión no residencial reportó una contracción anual de -0.5 por ciento.

 

 

Comparativamente, el inicio de 2026 ha sido mucho mejor que el de 2025, porque en enero del año pasado se inició con una contracción de -9.9%, con un gran retroceso de la inversión no residencial, por lo que observamos cierta estabilización de ésta; asimismo, el gasto residencial también reportó un inicio de año negativo, mientras que ahora mantiene una tasa solida de crecimiento.

De acuerdo con un análisis de Banco Base, “las cifras originales permiten separar la inversión en construcción del sector privado y del sector público. En enero, la inversión en el sector privado mostró una contracción de 4.52%, luego de avanzar 2.33% el mes previo. Por su parte, la inversión pública creció 3.77% anual. Al interior, la inversión en construcción creció 2.99% anual, con la privada avanzando 2.14% y la pública avanzando 6.90 por ciento. No obstante, la inversión en maquinaria y equipo muestra mayor debilidad, cayendo 9.76% anual, con la privada cayendo 10.83% y la pública 1.31 por ciento”.

Sin que predominen cifras positivas en todos los segmentos, su tendencia muestra que la fase final de la contracción en inversión pudo haber llegado a su fin e iniciado una ligera recuperación.

 

Hacia adelante, la dinámica del sector construcción estará marcada por una clara divergencia. Por un lado, el segmento residencial mantiene tracción, impulsado por la demanda estructural de vivienda y la relativa estabilidad del crédito hipotecario. Por otro, la inversión no residencial continúa rezagada, reflejando cautela empresarial ante el entorno económico y la desaceleración en la inversión en maquinaria y equipo.

 

De cara a todo el año 2026, los catalizadores de la inversión pueden ser el nearshoring, obra pública (si se acelera) y la demanda habitacional. La nueva Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar que está por aprobarse en el Senado, también puede ser determinante para impulsar la inversión del sector construcción.