|  

Especialistas analizan la viabilidad del fracking en México y destacan la importancia de regulación, uso del agua e infraestructura para garantizar su desarrollo.

4 No me gusta0

La discusión sobre el uso de la fracturación hidráulica en México se centra cada vez más en criterios técnicos, regulatorios y de infraestructura. Así quedó claro durante la conferencia “Fracturación hidráulica, ¿Sí o no?”, organizada por el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM), donde especialistas coincidieron en que su viabilidad no depende solo de la tecnología, sino de condiciones institucionales, hídricas y sociales.

Regulación, el punto de partida

 

Desde el inicio, el mensaje fue contundente: sin reglas claras, el desarrollo de esta técnica no es viable.

 

Jesús Campos López, presidente del Consejo Directivo del CICM, subrayó que “la condición fundamental para que cualquier proyecto de fracturación hídrica sea viable en México es la existencia de un marco regulatorio robusto, específico y verificable”.

El directivo agregó que este marco debe garantizar la protección de acuíferos, el uso de compuestos biodegradables, el monitoreo sísmico y la transparencia en la operación. Además, advirtió que: “la regulación sin supervisión es letra muerta”.

Uso del agua: impacto acotado, pero estratégico

Uno de los temas más sensibles es el consumo de agua. Sin embargo, los datos presentados durante el encuentro apuntan a un impacto menor al que comúnmente se percibe.

Rubén Chávez Guillén, especialista en geohidrología, explicó que “mil pozos con esa técnica ocupan el equivalente a uno o 2 litros por segundo anual, y solo temporalmente”.

 

De acuerdo con su análisis, incluso en un escenario de mil pozos, el uso de agua representaría entre 1% y 2% del total destinado a todos los sectores, lo que lo ubica como una fracción reducida dentro del consumo general.

 

No obstante, el experto enfatizó la necesidad de identificar fuentes de agua específicas para cada proyecto y evitar afectaciones al consumo humano.

Infraestructura y coordinación institucional

Otro de los consensos fue la necesidad de avanzar de manera paralela en infraestructura energética e hídrica.

Campos López señaló que “las inversiones en infraestructura para la extracción de gas e infraestructura hídrica son igualmente indispensables y deben avanzar de manera simultánea y coordinada”.

Esto implica no solo desarrollar capacidad técnica, sino también fortalecer la supervisión durante todo el ciclo de vida de los proyectos.

 

 

Más que tecnología: el reto es la gobernanza

Desde la academia, se planteó que el principal desafío no es técnico.

 

Por su parte, Eric Morales Cacique, investigador de la UNAM, advirtió que “el principal desafío no es tecnológico sino de gobernanza: sin capacidades institucionales sólidas, transparencia y confianza social, el agua se convierte no solo en un insumo, sino en el factor crítico que puede limitar, legitimar o bloquear cualquier desarrollo”.

 

Este enfoque coloca a la gestión pública y la confianza social como elementos centrales en cualquier decisión sobre fracking.

Seguridad energética y viabilidad económica

Respecto al plano energético, algunos especialistas consideran que México no puede descartar esta opción.

Sergio Aceves Borbolla, del CICM, señaló que la discusión debe centrarse en la seguridad energética, proponiendo gestionar los impactos mediante infraestructura adecuada, formación técnica y monitoreo constante.

 

Y en la misma línea, Ascensión Medina Nieves sostuvo que “la fracturación hidráulica no es una opción, sino una necesidad estratégica”, ante la dependencia del gas importado.

 

Sin embargo, también se reconocieron limitantes. Andrés Moreno y Fernández advirtió sobre dos factores clave:

  • La aceptación social, especialmente en comunidades que no participan directamente en los beneficios
  • La competitividad de costos, frente al gas importado de Estados Unidos

Un debate abierto, con enfoque técnico

Las conclusiones del encuentro reflejan un cambio en la conversación: de una discusión polarizada a un análisis más técnico y multidisciplinario.

Si bien existe consenso en que la fracturación hidráulica puede ser viable bajo ciertas condiciones, también quedó claro que su desarrollo exige:

  • Regulación estricta y supervisión efectiva
  • Planeación hídrica detallada
  • Inversión en infraestructura
  • Fortalecimiento institucional
  • Construcción de confianza social

 

En este contexto, el futuro del fracking en México dependerá menos de la disponibilidad del recurso y más de la capacidad del país para gestionar sus riesgos y beneficios de forma integral.