La discusión sobre el uso de la fracturación hidráulica en México se centra cada vez más en criterios técnicos, regulatorios y de infraestructura. Así quedó claro durante la conferencia “Fracturación hidráulica, ¿Sí o no?”, organizada por el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM), donde especialistas coincidieron en que su viabilidad no depende solo de la tecnología, sino de condiciones institucionales, hídricas y sociales.
Regulación, el punto de partida
Jesús Campos López, presidente del Consejo Directivo del CICM, subrayó que “la condición fundamental para que cualquier proyecto de fracturación hídrica sea viable en México es la existencia de un marco regulatorio robusto, específico y verificable”.
El directivo agregó que este marco debe garantizar la protección de acuíferos, el uso de compuestos biodegradables, el monitoreo sísmico y la transparencia en la operación. Además, advirtió que: “la regulación sin supervisión es letra muerta”.
Uso del agua: impacto acotado, pero estratégico
Uno de los temas más sensibles es el consumo de agua. Sin embargo, los datos presentados durante el encuentro apuntan a un impacto menor al que comúnmente se percibe.
Rubén Chávez Guillén, especialista en geohidrología, explicó que “mil pozos con esa técnica ocupan el equivalente a uno o 2 litros por segundo anual, y solo temporalmente”.
No obstante, el experto enfatizó la necesidad de identificar fuentes de agua específicas para cada proyecto y evitar afectaciones al consumo humano.
Infraestructura y coordinación institucional
Otro de los consensos fue la necesidad de avanzar de manera paralela en infraestructura energética e hídrica.
Campos López señaló que “las inversiones en infraestructura para la extracción de gas e infraestructura hídrica son igualmente indispensables y deben avanzar de manera simultánea y coordinada”.
Esto implica no solo desarrollar capacidad técnica, sino también fortalecer la supervisión durante todo el ciclo de vida de los proyectos.
Más que tecnología: el reto es la gobernanza
Desde la academia, se planteó que el principal desafío no es técnico.
Este enfoque coloca a la gestión pública y la confianza social como elementos centrales en cualquier decisión sobre fracking.
Seguridad energética y viabilidad económica
Respecto al plano energético, algunos especialistas consideran que México no puede descartar esta opción.
Sergio Aceves Borbolla, del CICM, señaló que la discusión debe centrarse en la seguridad energética, proponiendo gestionar los impactos mediante infraestructura adecuada, formación técnica y monitoreo constante.
Sin embargo, también se reconocieron limitantes. Andrés Moreno y Fernández advirtió sobre dos factores clave:
- La aceptación social, especialmente en comunidades que no participan directamente en los beneficios
- La competitividad de costos, frente al gas importado de Estados Unidos
Un debate abierto, con enfoque técnico
Las conclusiones del encuentro reflejan un cambio en la conversación: de una discusión polarizada a un análisis más técnico y multidisciplinario.
Si bien existe consenso en que la fracturación hidráulica puede ser viable bajo ciertas condiciones, también quedó claro que su desarrollo exige:
- Regulación estricta y supervisión efectiva
- Planeación hídrica detallada
- Inversión en infraestructura
- Fortalecimiento institucional
- Construcción de confianza social