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El diseño residencial luxury comienza a valorar materiales capaces de conservar su identidad y desarrollar una estética propia conforme envejecen.

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El concepto de lujo en la arquitectura residencial está cambiando. Más allá de acabados costosos o superficies que buscan conservar una apariencia impecable, una nueva tendencia pone atención en cómo los materiales se comportan y se ven después de varios años.

 

La pregunta para arquitectos y diseñadores ya no es únicamente cuánto cuesta un material o qué aspecto tiene cuando se instala, sino cómo evolucionará con el paso del tiempo.

 

En México, esta perspectiva cobra importancia si se considera que 45.1% de las viviendas particulares habitadas tiene más de 20 años, de acuerdo con el INEGI. En 2020, el parque habitacional del país estaba integrado por 35.3 millones de viviendas. Además, 92.4% contaba con paredes construidas con materiales resistentes, entre ellos tabique, ladrillo, block, cantera y cemento.

Por lo que esto coloca la durabilidad y el comportamiento de los materiales como factores relevantes desde la etapa de diseño.

Diseñar pensando en el paso del tiempo

La arquitectura que busca permanecer no necesariamente pretende que sus materiales luzcan exactamente igual durante décadas. La alternativa es seleccionar aquellos cuya transformación pueda integrarse a la estética del inmueble.

 

El ladrillo aparente es un ejemplo de esta filosofía. Sus variaciones de color y textura pueden cambiar con los años y generar una pátina que forme parte de la identidad de la construcción.

 

No obstante, esto no significa ignorar el deterioro. La humedad, la radiación solar y el viento pueden provocar problemas como eflorescencias, hongos, erosión o modificaciones en el color. Por ello, la correcta especificación del material, su instalación y mantenimiento siguen siendo determinantes.

La diferencia está en que el envejecimiento esperado pueda formar parte del diseño, en lugar de convertirse en un defecto que obligue a sustituir o renovar constantemente las superficies.

 

 

En determinadas aplicaciones, las construcciones de albañilería pueden alcanzar más de 100 años de vida útil, siempre que reciban el mantenimiento adecuado.

 

 

El ladrillo como elemento de diseño

También esta visión ha ampliado las posibilidades del ladrillo dentro de proyectos residenciales y de arquitectura contemporánea. El material puede utilizarse no solamente como solución constructiva, sino como parte de la identidad visual de una propiedad.

 

Las nuevas alternativas permiten combinar diferentes colores, texturas, patrones y acabados. Esto facilita generar contrastes con materiales como concreto, madera, vidrio o metal, además de aportar profundidad a fachadas y espacios interiores.

 

Dentro de esta evolución se encuentra WEBRICK by Novaceramic, plataforma que reúne diferentes posibilidades de expresión del ladrillo. Entre ellas están las colecciones Caravista, con énfasis en el color natural de la masa; Signature y Metalizado, con tonalidades envejecidas; ladrillos esmaltados, con colores y superficies más intensos, y WeDesign, que permite desarrollar texturas y acabados personalizados mediante impresión digital.

Así, la personalización no necesariamente significa recurrir a materiales cuya apariencia dependa de una tendencia pasajera. Un proyecto puede tener una expresión contemporánea y, al mismo tiempo, incorporar superficies diseñadas para conservar su carácter a largo plazo.

El valor de una arquitectura que permanece

Para Jonathan Nava, director de Mercadotecnia de Novaceramic, “el ladrillo tiene una cualidad que difícilmente puede sustituirse: su capacidad de permanecer vigente sin dejar de mostrar el paso del tiempo. La innovación está en ampliar sus posibilidades de expresión para que cada proyecto pueda encontrar su propia identidad”.

 

Esta perspectiva plantea una forma distinta de entender el lujo en las residencias de alta gama. El valor de una obra no estaría solamente en su apariencia al momento de terminarse, sino también en su capacidad para mantener una identidad estética cuando las tendencias que acompañaron su construcción hayan cambiado.

 

Y en este sentido, los materiales que envejecen bien pueden convertirse en parte de la estrategia de diseño de una propiedad: superficies que no necesitan mantenerse artificialmente idénticas a como fueron instaladas, sino que pueden incorporar las huellas normales del tiempo sin perder calidad visual.

Para una arquitectura orientada a la permanencia, el lujo podría estar cada vez menos relacionado con lo nuevo y más con la capacidad de una construcción para conservar su carácter durante décadas.