México necesita dejar de considerar la resiliencia de la infraestructura como una condición que se alcanza únicamente al concluir una obra. Para el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM) y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), mantener operativos los sistemas esenciales requiere planeación, prevención y, sobre todo, recursos suficientes y sostenidos para mantenimiento, rehabilitación, reposición y adaptación.
El tema fue abordado durante la conferencia “Diálogo con ingenieros: Infraestructura resiliente”, organizada por el CICM, donde especialistas analizaron los retos que enfrenta el país para reducir la vulnerabilidad de sus obras y comunidades ante fenómenos naturales y otras condiciones de riesgo.
“Los impactos no dependen únicamente de los fenómenos naturales, sino que el riesgo se configura mediante decisiones acumuladas: dónde construimos, cómo ocupamos un territorio, qué normas aplicamos, qué mantenimiento damos y qué condiciones de vulnerabilidad permitimos”, comentó.
Más de 710 mil mdp en daños y pérdidas
El costo de no prevenir y mantener adecuadamente la infraestructura también tiene una dimensión económica.
De acuerdo con la evaluación presentada por CENAPRED, los desastres generaron más de 710 mil millones de pesos en daños y pérdidas en México entre 2000 y 2024.
Entre los años con mayores impactos destacan 2010, cuando se registraron 92 mil 372 millones de pesos, principalmente por el huracán Alex en el noreste del país y un sismo en Mexicali; 2017, con 88 mil 440 millones de pesos asociados principalmente a los sismos de septiembre; y 2023, con 89 mil 910 millones de pesos, en su mayoría relacionados con los daños ocasionados por el huracán Otis en Acapulco.
Construir resistente no es suficiente
Uno de los principales planteamientos de la conferencia fue distinguir entre resistencia y resiliencia.
Guevara Ortiz señaló que una infraestructura resistente puede soportar las condiciones para las que fue diseñada y evitar el colapso, pero una obra resiliente requiere capacidades adicionales: resistir, absorber impactos, adaptarse y recuperar sus funciones en el menor tiempo posible.
Afirmó el director general del CENAPRED que “una obra resistente no necesariamente es resiliente”.
Desde esta perspectiva, la resiliencia debe construirse durante todo el ciclo de vida de una infraestructura: comienza con la selección del sitio y la planeación, continúa con el análisis de amenazas y vulnerabilidades, el diseño, la construcción y supervisión, y permanece durante la operación, el mantenimiento, el reforzamiento y la adaptación.
El funcionario destacó además que la Ley General de Protección Civil establece como delito grave construir sin consultar los Atlas de Riesgo nacional, estatales o municipales.
“Cuando incorporamos el riesgo desde la planeación, no solo construimos obras más seguras, contribuimos a construir territorios y comunidades que sean más seguros, más humanos, sostenibles y resilientes”, indicó Guevara.
Mantenimiento, el punto crítico del financiamiento
Para Jesús Campos López, presidente del XLI Consejo Directivo del CICM, uno de los principales desafíos está en garantizar recursos durante toda la vida útil de las obras.
“Hablar de infraestructura resiliente implica ir más allá de la resistencia estructural. Necesitamos obras seguras, pero también sistemas capaces de conservar funciones esenciales para adaptarse y recuperarse oportunamente”, dijo el ingeniero.
Campos López sostuvo que la resiliencia no termina cuando una obra entra en operación y subrayó la necesidad de contar con financiamiento sostenible para mantenimiento y reposición.
En este sentido, planteó que los esquemas tarifarios de los servicios de infraestructura deben considerar el costo real de conservar, rehabilitar y renovar los activos durante su ciclo de vida.
Agregó que, “cuando las tarifas de los servicios de infraestructura se aplican por debajo del costo, se posterga la reposición y se transforma en vulnerabilidad acumulada, que termina pagándose a niveles altos en el momento del desastre”.
Reconstruir también debe significar mejorar
Otro de los retos identificados durante el diálogo es aprovechar los procesos de reconstrucción para elevar la seguridad de la infraestructura.
Andrés Antonio Moreno y Fernández, vicepresidente Técnico del CICM, consideró necesario modificar los mecanismos existentes para que cada proceso de reconstrucción represente una oportunidad para desarrollar infraestructura más segura y resiliente.
Por su parte, Adrián Pozos Estrada, coordinador del Comité de Resiliencia del CICM, señaló que la resiliencia implica anticipar los riesgos, conservar la funcionalidad de las obras, acelerar su recuperación y prepararlas para condiciones futuras.
Desde la perspectiva de las nuevas generaciones, Fernando Martínez Martínez, integrante del Club de Estudiantes del CICM y alumno de la FES Acatlán, destacó la importancia de aprender de las experiencias y errores del pasado para mantener y mejorar la resiliencia de la infraestructura.
CICM se suma a iniciativa internacional
Durante la conferencia, el CICM también manifestó su disposición para colaborar con CENAPRED en la revisión y fortalecimiento de los Atlas de Riesgo.
Campos López aceptó además la invitación del titular del CENAPRED para que el Colegio participe en una Iniciativa de Naciones Unidas sobre Infraestructura Resiliente, encabezada por Chile y México en América Latina.
El proyecto contempla la participación de distintos organismos internacionales y existe la posibilidad de que México sea sede de una reunión programada para diciembre de 2026.
La participación del CICM busca aportar su experiencia técnica a los esfuerzos de prevención y gestión del riesgo, particularmente en la planeación y desarrollo de infraestructura.
Resiliencia: una inversión de largo plazo
El desafío consiste en integrar el riesgo desde la planeación y mantener esa visión durante toda la vida del activo, con inspección, mantenimiento, rehabilitación, adaptación y reposición respaldados por financiamiento suficiente y permanente.
Los más de 710 mil millones de pesos acumulados en daños y pérdidas por desastres entre 2000 y 2024 muestran el costo que puede tener una infraestructura vulnerable. Para el CICM y CENAPRED, anticipar ese riesgo y financiar adecuadamente la conservación de las obras puede ser una de las herramientas más importantes para reducir el impacto económico y social de futuras emergencias.