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Durante los primeros siete meses de 2026 el mercado residencial mexicano ha mostrado un desempeño lleno de contrastes. Mientras la demanda se mantuvo sólida, la oferta continuó limitada en varios segmentos, los precios siguieron al alza y nuevos modelos de vivienda comenzaron a ganar protagonismo.

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Entre las tendencias que identificamos a lo largo de este periodo podemos destacar las siguientes:

 

La primera fue la escasez de vivienda nueva, especialmente en el segmento social y medio. La insuficiente producción frente a la demanda mantuvo la presión sobre los precios y reforzó el debate sobre la necesidad de ampliar la oferta.

 

En paralelo, la vivienda asequible se consolidó como el principal desafío del sector. Desarrolladores, organismos empresariales y autoridades coincidieron en que el acceso a una vivienda de menor precio será uno de los grandes retos para los próximos años.

Otra constante fue la desaceleración de las ventas de vivienda nueva en algunos mercados, aunque sin una caída en los precios. La menor disponibilidad de inventario y el encarecimiento del suelo modificaron la dinámica comercial, particularmente en las principales zonas metropolitanas.

El nearshoring también tuvo efectos en el segmento residencial. Si bien el fenómeno siguió impulsando principalmente al mercado industrial, ciudades como Monterrey, Saltillo, Tijuana, Querétaro y algunas regiones del Bajío registraron una creciente demanda de vivienda vinculada con la llegada de nuevas inversiones.

 

 

La agenda del sector estuvo marcada por la política nacional de vivienda, con el seguimiento a los programas federales para incrementar la construcción de vivienda social y ampliar el acceso a financiamiento. El incremento del objetivo sexenal del número de unidades a construirse fue una constante.

 

En las grandes ciudades continuó avanzando la verticalización, impulsada por la escasez de suelo urbano y la necesidad de densificar las zonas con mayor infraestructura y servicios.

 

A la par de la menor oferta de vivienda nueva, se observó un importante crecimiento del mercado de renta, particularmente de proyectos multifamily y esquemas de vivienda administrada profesionalmente, ante las dificultades de una parte de la población para adquirir una vivienda.

 

Y en el segmento residencial de mayor valor, surgieron con fuerza conceptos como las branded residences, el wellness real estate y las comunidades enfocadas en la longevidad activa, que incorporan servicios de bienestar, salud y experiencias como parte de la oferta inmobiliaria.

 

Finalmente, la digitalización del sector ganó relevancia mediante herramientas de inteligencia artificial, análisis de datos y plataformas PropTech, mientras la sustentabilidad dejó de ser un diferenciador para convertirse en un elemento cada vez más presente en el diseño, construcción y comercialización de nuevos desarrollos.

En conjunto, estas tendencias muestran un mercado que continúa transformándose, impulsado por cambios demográficos, económicos y tecnológicos que redefinen tanto la oferta como las preferencias de los compradores.