La industria de la construcción finalizó el 2018 con un gran debilitamiento, lo que propició que el balance anual tuviera un crecimiento de apenas 0.6%, menos de la mitad del crecimiento de la economía en su conjunto.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la edificación fue el principal motor del sector, al avanza 1.3% respecto a 2017; en contraste, el lastre del sector continúa siendo las obras de ingeniería civil que retrocedieron -5.8%; en tanto los trabajos especializados de la construcción apoyaron con un avance de 5.5% en todo el año recién finalizado.

Durante el segundo semestre la edificación perdió mucha fuerza y se observó cifras negativas en su índice de producción. Tan solo en el último trimestre del año pasado se contrajo a una tasa anual de 1.5% respecto al mismo periodo de 2017.

En diciembre, en particular, los tres componentes de la actividad reportaron cifras negativas en su producción: edificación, -2.6% anual; construcción de obras de ingeniería civil, -10.9%; trabajos especializados para la construcción, -3.7% anual.

En la edificación el debilitamiento de diciembre se refleja en la disminución de la inversión, además de la detención de obras en la Ciudad de México.

En la obra civil, sin duda la detención de la obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM) fue determinante para la fuerte caída de la actividad.

De corto plazo, pensando en el primer trimestre de 2019, no hay indicio hasta ahora que muestren una pronta reactivación del sector.

En opinión de los analistas de Banorte, “creemos que esto podría estar explicado en buena medida por el típico efecto del inicio de una nueva administración federal, con una curva de aprendizaje que induce un retraso en la continuidad de este tipo de proyectos”.