La organización del Mundial ha impulsado proyectos de infraestructura, movilidad, conectividad y mejoramiento urbano en las ciudades sede, como la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Sin embargo, el impacto de estas inversiones no debe evaluarse únicamente por el gasto turístico o la ocupación hotelera durante las semanas de competencia, sino por su capacidad para mejorar la calidad de vida de los habitantes una vez concluido el evento.
Marisol López, docente de la Escuela de Administración y Negocios de CETYS Universidad Campus Mexicali, explicó que en economía existe el llamado “efecto multiplicador”, mediante el cual la inversión pública en sectores estratégicos puede generar beneficios directos e indirectos que alcanzan a una parte importante de la sociedad.
La especialista destacó que otro de los efectos positivos se observa en la generación de empleo. Aunque muchos puestos de trabajo son temporales, la actividad económica derivada del Mundial puede abrir oportunidades de negocio y fortalecer sectores vinculados al turismo, los servicios y el comercio.
No obstante, López advirtió que el crecimiento económico no necesariamente implica desarrollo social. El verdadero éxito del Mundial dependerá de que los beneficios generados lleguen a un mayor número de personas mediante políticas públicas que favorezcan la movilidad, la accesibilidad y el aprovechamiento social de la infraestructura construida.
Cuando concluya el último partido, el legado más importante no será la derrama económica acumulada, sino la capacidad de transformar esas inversiones en bienestar duradero para las comunidades.