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La calidad de vida mejora sustancialmente si se planea con base en las demandas de la comunidad, integración digital, innovación tecnológica, movilidad sustentable, conectividad de ciudades y territorios.

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Para el año 2050 se espera que la población mundial llegue a los 9 mil 700 millones de habitantes, con un 70% residiendo en zonas urbanas, según pronósticos de la ONU sobre el crecimiento demográfico.

Ante ese escenario, surgen retos significativos para la planificación urbana en medio de la emergencia climática global, la urbanización desordenada en América Latina, el transporte insuficiente y contaminante, la desigualdad y la falta de inclusión social, así como la gestión de recursos naturales finitos y la brecha digital.

En la búsqueda de soluciones para las ciudades del futuro, se llevó a cabo una mesa redonda integrada por expertos titulada 'Urbanismo y calidad de vida: construyendo las ciudades del futuro', la cual fue organizada por Egis en Latinoamérica y en la que se exploró el papel crucial del urbanismo como motor para enfrentar los desafíos actuales.

Se destacó la importancia de un urbanismo que priorice la calidad de vida desde una perspectiva de plan maestro, promoviendo una planificación territorial equilibrada, inclusiva, sostenible y resiliente.

 

 

Cabe resaltar que la calidad de vida de los ciudadanos depende de diversos factores, como el tiempo y el costo de desplazamiento, la accesibilidad a vivienda digna, la calidad del aire, la inclusión de grupos vulnerables, los espacios de esparcimiento, la calidad y sostenibilidad de infraestructuras, entre otros.

Estos desafíos pueden ser abordados mediante el enfoque de la urbanización sostenible, que se ha vuelto esencial para promover la inclusión social y mitigar los impactos ambientales.

Y al ser las ciudades responsables de dos tercios del consumo mundial de energía y más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero, según datos del Banco Mundial, empresas del sector sector de Arquitectura, Ingeniería y Construcción (AEC) están tomando iniciativas para impulsar el desarrollo sostenible y construir un futuro más equitativo y respetuoso con el entorno.

Por lo que diseñar ciudades futuras con base en las demandas de la comunidad, integrando tecnología, impulsando la participación ciudadana y logrando el compromiso público y privado es fundamental, en opinión de Edgar Mora Altamirano, miembro de la facultad de la Universidad para la Cooperación Internacional.

También, se destacó la utilidad del 'Modelo de la Dona' de Kate Raworth para analizar y priorizar las necesidades de una ciudad, buscando equilibrio entre la base social y el techo ambiental.

 

Los expertos abogaron por soluciones de proximidad, como las ciudades de 15 minutos, un concepto que propone que los ciudadanos, ya sea a pie o en bicicleta, encuentren en un radio de un cuarto de hora todo lo que necesitan para vivir (trabajo, educación servicios, productos, atención de salud). El modelo puede ser adaptado a la realidad latinoamericana considerando un radio de 30 minutos, por las características de las urbes de la región, integrando Corredores Verdes para fomentar la biodiversidad y mejorar la calidad del aire.

 

Durante su intervención, Diego Niño, director de desarrollo de negocio de Egis Latinoamérica, resaltó la importancia de edificaciones de usos mixtos y la movilidad sustentable para impulsar la cohesión e identidad de las ciudades.

Un tema crucial fue la brecha digital en la región, con la necesidad de coordinación e inversión público-privada para ampliar infraestructuras de telecomunicaciones y reducir la desigualdad. Es vital para los expertos incorporar soluciones tecnológicas adaptadas y fusionar infraestructuras fundamentales en la planificación urbana. La transformación en el ámbito energético, encabezada por urbanistas, emerge como un elemento crucial para áreas densamente pobladas y zonas de nearshoring.

Al considerar estos factores en el sector de AEC, se fortalece el urbanismo como una herramienta clave para elevar la calidad de vida. Además, sitúa a las ciudades en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático, impulsando el crecimiento económico y proporcionando una mejora sustancial en la calidad de vida de sus residentes”, se concluyó.