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El mercado inmobiliario de la Ciudad de México entra a 2026 en un momento de claros contrastes. Mientras algunos submercados mantienen altos niveles de absorción, otros comienzan a mostrar señales de agotamiento en inventarios, retrasos en nuevos desarrollos y una presión creciente sobre los precios.

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En este contexto, entender la dinámica por zonas será clave para la toma de decisiones, ya que el éxito dependerá de cómo un nuevo desarrollo se integra a la zona y a las nuevas y muy diferentes formas de habitar la ciudad.

Hoy, el principal reto del sector ya no es exclusivamente el acceso al financiamiento, sino la capacidad de generar oferta viable de vivienda: suelo disponible, procesos regulatorios, tiempos de desarrollo y capacidad de generar proyectos viables y alineados a nuevas generaciones de compradores que constituyen una demanda cada vez mejor informada.

 

Tradicionalmente, la conversación sobre vivienda vertical se ha enfocado en las zonas centrales de la ciudad, impulsadas por la conectividad y una “vida urbanita” que impulsa un estilo de vida en el que sus habitantes se mueven a través de diferentes medios alternativos en un radio compacto y central.

 

Obliga este contexto a repensar el desarrollo vertical no como una solución genérica, sino como una estrategia diferenciada por zonas, perfiles de comprador y vocaciones urbanas.

En el poniente de la CDMX, particularmente en zonas como Santa Fe, Bosques y sus alrededores, la verticalidad responde a una lógica distinta: no se trata de replicar ese modelo de vida urbanita intensiva como ocurre en los principales corredores al centro de la capital mexicana, sino de ofrecer comunidades planeadas, unidades que dan acceso a nuevas generaciones y demandas de un perfil más joven de compradores que busca una vida en las zonas exclusivas y consolidadas de generaciones anteriores, pero con amenidades funcionales, áreas comunes, seguridad, menores metrajes y servicios integrados. Es un producto dirigido a compradores que priorizan calidad de vida y estabilidad, sin desconectarse de los principales polos económicos.

Ha demostrado este submercado resiliencia tanto en venta como en renta, con un perfil de usuario que valora la experiencia residencial completa y no únicamente el precio por metro cuadrado. Esta diferenciación se vuelve evidente al analizar el desempeño por alcaldías. Los datos recientes del mercado confirman que la demanda no es homogénea.

 

 

De acuerdo con información de la consultora 4S Real Estate, los segmentos de vivienda media y económica concentraron cerca del 50% de las ventas de vivienda vertical en la capital durante el 2025. Al mismo tiempo, casi 40% de la absorción total provino de vivienda en reventa, una señal clara de que la oferta nueva aún tiene áreas de oportunidad para cubrir adecuadamente la demanda real.

 

Cuajimalpa se mantiene de forma consistente entre las alcaldías con mayor valor promedio de vivienda, con precios por metro cuadrado que superan los 54 a 80 mil pesos en segmentos residenciales altos en portales inmobiliarios, pese a no concentrar los mayores volúmenes de unidades nuevas. A diferencia de otras alcaldías con mayor densidad o dinamismo en ventas, aquí el crecimiento es más selectivo, pero también más estable.

Esta combinación —alto valor, precios sólidos y menor densidad— refleja un mercado con un perfil de comprador más racional y de largo plazo. El dato confirma que el valor inmobiliario en la ciudad ya no depende únicamente de la centralidad geográfica, sino de la calidad del producto, la planeación urbana y el tipo de comunidad que se construye.

Además, el poniente combina tres elementos estratégicos: cercanía a los principales polos corporativos del país, escasez estructural de suelo y un perfil de comprador e inversionista más conservador y racional. Esto ha permitido que la vivienda vertical en la zona mantenga resiliencia tanto en venta como en renta, incluso en periodos de ajuste del mercado. Aquí la verticalidad quizá no prioriza esa vida urbanita en el sentido tradicional, pero sí busca pertenencia, orden, rentabilidad y bienestar, al consolidar desarrollos que funcionen como comunidades integradas.

 

El verdadero desafío en este 2026 para la zona y para la ciudad en general, no será únicamente construir más, sino construir mejor. La vivienda vertical tiene el potencial de responder al crecimiento de la metrópoli, pero solo si se concibe como parte de un ecosistema urbano integral: comunidad, movilidad, servicios, sostenibilidad y calidad arquitectónica.

 

De cara a un nuevo año, el reto no se limita a replicar modelos de alta densidad sin planeación o entendimiento de los diferentes submercados o nichos, sino consolidar desarrollos verticales que funcionen como auténticos ecosistemas residenciales, capaces de equilibrar crecimiento urbano, calidad de vida y viabilidad económica de largo plazo. En el poniente de la ciudad, leer ese equilibrio entre mercado, territorio y comunidad definirá no solo los proyectos con éxito, sino también el futuro urbano de la zona.

*Project Manager AGWA Bosques y UP Santa Fe para Desarrolladora del Parque.