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Durante décadas, la ubicación fue el principal determinante del valor de una vivienda en México. Sin embargo, el crecimiento acelerado de la oferta de vivienda vertical en zonas consolidadas de la Ciudad de México ha comenzado a modificar esta lógica.

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En un mercado cada vez más competido, la construcción y gestión de comunidades residenciales se perfila como un factor con impacto directo en la plusvalía y en la velocidad de comercialización de los desarrollos.

 

De acuerdo con análisis del sector, cerca del 90% del precio de una vivienda ha estado tradicionalmente explicado por su localización. No obstante, datos de 4S Real Estate indican que entre 2017 y 2024 el inventario de vivienda vertical en el país creció más de 200%, lo que ha reducido la capacidad de diferenciar proyectos similares dentro de una misma zona. En este contexto, la experiencia de vida y la convivencia entre residentes comienzan a adquirir un peso estratégico.

 

En opinión de Desarrolladora del Parque, los desarrollos con una gestión comunitaria activa tienden a registrar mejores indicadores operativos. Entre ellos, una mayor permanencia de los residentes, menor rotación de unidades y reducción de conflictos relacionados con el uso de amenidades y mantenimiento. Estos factores inciden en menores costos de operación y en una mayor estabilidad del inmueble a lo largo del tiempo.

También el impacto se refleja en la comercialización. Benchmarks del sector muestran que los proyectos con altos niveles de recomendación entre residentes pueden acelerar hasta en 20% su proceso de absorción comercial frente a desarrollos comparables sin una identidad comunitaria definida. La recomendación directa, o referidos, se ha consolidado como uno de los canales más efectivos de cierre, incluso por encima de plataformas digitales y esquemas tradicionales de venta.

 

Datos operativos de desarrollos en zonas como Bosques de las Lomas, Cuajimalpa y Santa Fe revelan que la recomendación entre residentes representa una proporción significativa de las ventas, aunque con matices según el perfil de los habitantes. Mientras en áreas con mayor arraigo residencial el boca a boca es más fuerte y sostenido, en zonas con población más joven y móvil sigue siendo el canal individual de mayor conversión.

 

Desde una perspectiva financiera, la consolidación de comunidades sólidas contribuye a proteger el valor de reventa y la plusvalía futura de los inmuebles.

 

 

Y en un entorno donde la ubicación ya no es suficiente para diferenciar proyectos, la comunidad comienza a operar como un factor silencioso, pero determinante, en la sostenibilidad de la vivienda vertical a mediano y largo plazo.

Como conclusión de los especialistas de Desarrolladora del Parque, con la experiencia de los proyectos Agwa Bosques y UP Santa Fe en las zonas descritas, “para el sector inmobiliario, los datos sugieren un cambio de fondo: los desarrollos que logran construir comunidad no solo venden mejor, sino que se sostienen mejor en el tiempo, reduciendo rotación, fricción operativa y dependencia de inversión comercial constante para su comercialización posterior o colocación en renta”.