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El valor de un edificio comienza a medirse más allá de su ubicación, diseño o dimensiones. La eficiencia energética, el confort, la resiliencia, el desempeño ambiental y los beneficios que genera durante todo su ciclo de vida están adquiriendo un peso creciente en la manera de entender y valorar las edificaciones.

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Los resultados del Barómetro de la Construcción Sostenible 2026, elaborado por Saint-Gobain, muestran esta evolución. En México y Colombia, 82% de los grupos de interés considera que impulsar una construcción más sostenible es una prioridad, frente a 65% a nivel global.

 

Ahora bien, la percepción sobre el valor que genera este tipo de construcción también es significativa. Mientras 47% de los participantes a nivel global considera que la construcción sostenible genera más valor que la tradicional, el porcentaje alcanza 55% en México y 69% en Colombia. La diferencia refleja una visión en la que los beneficios económicos, ambientales, sociales y patrimoniales forman, cada vez más, una parte importante del valor de un inmueble.

 

El desempeño ambiental es otro de los atributos que gana relevancia. La reducción de la huella de carbono, el uso de energías renovables o descarbonizadas y el empleo de materiales respetuosos con el medio ambiente son identificados como elementos asociados con la construcción sostenible por 62% de los grupos de interés en México, frente a 30% a nivel global.

 

 

También esta transformación coloca al sector privado en una posición estratégica. En México, 52% considera que las empresas privadas de la construcción y la edificación están mejor posicionadas para acelerar la construcción sostenible, porcentaje superior al 38% global.

 

El cambio responde a retos que trascienden al propio sector inmobiliario. Más de 2 mil millones de personas carecen actualmente de un espacio adecuado para habitar y se estima que esta cifra podría alcanzar los 3 mil millones en 2030.

Bajo este escenario, los edificios del futuro deberán responder no solo a cuánto espacio ofrecen, sino a qué tan bien funcionan, cuánto consumen, qué impacto generan y qué experiencia proporcionan a quienes los utilizan. El desempeño se perfila así como un componente cada vez más determinante del valor de las edificaciones.