|  

A cinco meses de que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entre en su proceso formal de revisión, México llega con una posición fortalecida como principal socio comercial de Estados Unidos, tanto como proveedor como destino de sus exportaciones.

4 No me gusta0

Durante su participación en el podcast Norte Económico, de Grupo Financiero Banorte, la abogada y analista política Verónica Ortiz subrayó que el intercambio bilateral ronda los 900 mil millones de dólares anuales, lo que consolida al acuerdo como uno de los más relevantes a nivel global.

 

La revisión está prevista para julio de 2026; sin embargo, Ortiz aclaró que no se trata de una “fecha fatal”. Explicó que, conforme al diseño del tratado, aun sin una ratificación inmediata para su continuidad, el acuerdo puede mantenerse vigente hasta 2036, sujeto a revisiones anuales. “El peso económico del tratado lo hace sumamente costoso para que deje de existir”, señaló.

 

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que sustituyó al TLCAN en 2020, incorporó cláusulas de evaluación periódica. En este contexto, la especialista consideró probable un escenario de revisiones anuales, más que una cancelación o una ruptura del esquema trilateral.

Y en el entorno actual, marcado por tensiones geoeconómicas y por la confrontación estratégica entre Estados Unidos y China, México mantiene ventajas comparativas. De acuerdo con lo expuesto en el podcast, enfrenta una tasa arancelaria promedio cercana al 5%, inferior a la aplicada a otros países bajo distintos fundamentos de seguridad nacional o medidas comerciales.

Ortiz destacó que la rivalidad entre Washington y Beijing está redefiniendo prioridades económicas y de seguridad, particularmente en sectores estratégicos como minerales críticos, semiconductores y transición energética. En ese marco, México adquiere relevancia como socio confiable dentro de América del Norte.

 

 

La revisión del T-MEC también coincide con el ciclo electoral estadunidense. Las elecciones intermedias de noviembre podrían modificar la correlación de fuerzas en el Congreso y, eventualmente, influir en el ritmo de las negociaciones. No obstante, la analista estimó que, más allá de cambios partidistas, temas vinculados a seguridad, migración y combate al fentanilo mantienen amplio respaldo bipartidista, lo que sugiere continuidad en las exigencias hacia México.

Adicionalmente, advirtió que parte de la presión comercial podría canalizarse a través de cuestionamientos sobre barreras no arancelarias en sectores como energía y minería, asuntos que forman parte del diálogo bilateral.

 

En paralelo, el entorno global atraviesa un proceso de reconfiguración. Las tensiones geopolíticas, la redefinición de cadenas de suministro y la competencia tecnológica elevan el valor estratégico de los acuerdos regionales. En ese escenario, América del Norte se posiciona como un bloque clave para la resiliencia productiva y la seguridad económica.

 

Con cifras récord de intercambio comercial y un marco jurídico que permite continuidad aun en escenarios de negociación prolongada, México encara la revisión del T-MEC desde una posición de liderazgo comercial. El reto estará en mantener certidumbre regulatoria, fortalecer la integración regional y preservar las ventajas competitivas que han consolidado al país como socio estratégico de Estados Unidos y Canadá.