México ha aprendido mucho de sus crisis. En el mercado hipotecario de la banca en particular, tiene excelentes prácticas que otros países imitan; es un mercado que supo aprovechar bien su madurez cuando enfrentó la crisis de 2009, y que se reflejó a través de carteras muy sanas gracias a las adecuadas prácticas de riesgos que se aplicaron.

Hay que ser autocríticos para identificar nuestro verdadero ADN y participar solo en esos segmentos. No se debe competir en mercados donde no se tiene presencia; hay que saber enfocarse en dónde los bancos grandes —por su tamaño—, no han tenido oportunidad de participar.

Dentro del sector hipotecario en México, al día de hoy vemos un escenario macroeconómico sólido, donde las tasas de interés de referencia del Banco de México (Banxico) parecen haberse estabilizado y con un tipo de cambio nuevamente por debajo de los 19 pesos por dólar. Además, con un nivel de desempleo más positivo con respecto al año pasado.

A largo plazo, en México hay mucho espacio para trabajar en temas de innovación para el desarrollo de nuevos productos hipotecarios. Básicamente se requiere entender las necesidades de los clientes y en base a ello, elaborar nuevos productos.

Una de las grandes fortalezas del mercado hipotecario mexicano es la salud de su portafolio, y prueba de ello es que a junio de 2017, reportó un índice de morosidad de 2.65%, considerado uno de los más bajos en su historia.